"¡Hugo, Hugo, viniste!". Las palabras sobran. El rostro de Nicolás Ramírez irradia felicidad pura al ver a su ídolo, el sanjuanino y cantante del grupo Omega, Hugo Flores. Sin saberlo el conocido músico se convirtió en su mejor medicina en cuarentena, cuando por la emergencia sanitaria el pequeño pasó mucho meses encerrado entre las cuatro paredes de su casa. Hace unos días se conocieron en persona y ya entablaron una amistad especial. Ambos abrazados a la vida, abrazados a la música.
Abrazados a la vida, abrazados a la música
Nicolás tiene 12 años y padece parálisis cerebral desde que bebé. Sin heredarlo, como fuese innato, creció escuchando y admirando la música. Su mamá cuenta que siempre prefirió los instrumentos musicales antes que cualquier otro juguete, incluso una pelota. Pero reconoce que ese gran apego se potenció hace dos años cuando escuchó por primera vez a Omega durante una fiesta de Reyes. "Él tiene la compu y siempre me pide que ponga los videos del grupo, se ve todos los videos. Le encanta, ahora ya busca las canciones solito", cuenta su Carina.
El cuarteto, el género del que se aficionó por Omega, se convirtió en un gran estímulo en cuarentena. Fueron las canciones interpretadas por Hugo Flores las que lo ayudaron a superar el aislamiento, además de los tratamientos que debe cumplir de manera virtual por la pandemia. "Si ve a Hugo tocando el teclado, él quiere hacer lo mismo. Y así con cualquier otro instrumento. Se despierta escuchando Omega. Prefiere ver sus videos antes que dibujitos", agrega su mamá.
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