Desde que tiene 3 años todas las noches se repite una escena desesperante: Joaquín Santana, el más chico de la familia, intenta dormir, pero ni bien empieza a acercarse al sueño comienzan los ataques. Una serie casi ininterrumpida de convulsiones lo sacude, lo golpea, lo despierta una y otra vez. Es una sucesión, o, mejor dicho, una sesión de dolor. Ahora el niño sanjuanino se acerca a la pubertad y nada ha cambiado. Cumplió 11 años y necesita una operación urgente. Toda la familia se puso al hombro el problema y venden empanadas para recaudar dinero.
Tiene 11 años, displasia cerebral y necesita una cirugía urgente: venden empanadas para ayudar
Lorena Santana contó a Tiempo de San Juan los inconvenientes que se repitieron en la vida de Joaquín. El primer diagnóstico fue errado y eso complicó todo. “El médico de San Juan dijo que tenía epilepsia refractaria, y se hizo el tratamiento en consecuencia. Un día, él estaba muy mal y lo llevé a Córdoba, allí lo revisaron y recomendaron el traslado a Mendoza”. En la vecina provincia un neurólogo supo qué enfermedad aquejaba al, entonces, pequeño de 7. “Es displasia cerebral: tiene las neuronas mal desarrolladas”, dijo Lorena que le comunicó el profesional. Es decir, sumó un nuevo padecimiento al anterior.
Con el diagnóstico correcto, Joaquín mejoró levemente. Pero “él tenía afectado el hemisferio izquierdo, ahora tiene el derecho también afectado”, puntualizó Lorena. Este deterioro se debió a que los tratamientos del médico sanjuanino no hicieron efecto. Actualmente, el menor toma siete comprimidos y un jarabe para paliar las consecuencias de las enfermedades. Por eso la operación es imperiosa.
Un paso anterior a la intervención quirúrgica es la compra de un costosísimo aparato. Requiere un estimulador vagal, que produce la estabilización de la actividad eléctrica anormal en el cerebro. Los trámites están en curso y el Ministerio de Desarrollo Humano se comprometió a conseguir el aparato. El principal inconveniente es el precio: 5.800.000 de pesos. El costo interpone una pausa para la búsqueda de proveedores. Entre tanto, los Santana ya piensan en el viaje a Mendoza, la internación y operación. De manera que todos los fines de semana venden empanadas para juntar algo de dinero.
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