Cada 9 de julio, la figura de los congresales sanjuaninos Francisco Narciso Laprida y Fray Justo Santa María de Oro vuelve a ocupar un lugar destacado en la historia nacional. Ambos participaron activamente en el Congreso de Tucumán y fueron protagonistas de algunos de los momentos más importantes del proceso independentista. Sin embargo, detrás de sus nombres existen episodios menos difundidos que ayudan a comprender la influencia que tuvo San Juan en aquella etapa decisiva.
Según explicaron a Tiempo de San Juan los historiadores Rubén Darío Guzmán y Hernán Videla, existen al menos dos hechos llamativos. El primero está relacionado con la forma en que la provincia consiguió enviar un segundo diputado al Congreso. El segundo, con la intervención de Santa María de Oro durante el debate que definía si las Provincias Unidas serían una república o una monarquía.
La "trampita" para que Laprida llegara al Congreso
Rubén Darío Guzmán explicó que, de acuerdo con las reglas vigentes en ese momento, cada jurisdicción podía enviar un diputado por cada 10.000 habitantes. San Juan alcanzaba apenas esa cantidad, por lo que originalmente solo le correspondía un representante, que sería Fray Justo Santa María de Oro.
Sin embargo, la influencia que había adquirido Francisco Narciso Laprida dentro de los sectores que impulsaban la independencia hizo que surgiera el interés por incorporarlo también al Congreso. De acuerdo con la reconstrucción histórica mencionada por Guzmán, para lograrlo se habría realizado un conteo mucho más amplio de la población provincial.
Según el historiador, se sumaron habitantes de pequeños poblados, además de esclavos y otros sectores que habitualmente no eran considerados en ese tipo de registros. Esa maniobra permitió alcanzar una cifra cercana a los 20.000 habitantes y, de esa manera, justificar el envío de un segundo diputado.
Para Guzmán, aquella decisión no fue casual. Tanto Laprida como Santa María de Oro compartían las ideas impulsadas por el general José de San Martín, quien necesitaba que el Congreso declarara cuanto antes la independencia para avanzar con su proyecto continental.
La presencia de ambos representantes terminó siendo determinante. Laprida presidió la sesión del 9 de julio de 1816 en la que se aprobó la declaración, mientras que Santa María de Oro tuvo una participación destacada desde el comienzo de las deliberaciones.
Entre los primeros actos del Congreso, recordó Guzmán, estuvo la propuesta de nombrar a Santa Rosa de Lima como patrona del Congreso, iniciativa impulsada por Fray Justo y considerada uno de los primeros hechos simbólicos de la asamblea.
Los diez días en que la independencia no fue la definitiva
Otro de los datos poco conocidos tiene que ver con el propio texto del Acta de la Independencia. Hernán Videla explicó que la declaración aprobada el 9 de julio no fue exactamente la misma que quedó incorporada de manera definitiva pocos días después.
En la versión original, las Provincias Unidas se declaraban independientes del rey Fernando VII, sus sucesores y la metrópoli española. Sin embargo, el 19 de julio el Congreso volvió a reunirse y resolvió agregar una frase que ampliaba el alcance de esa decisión: "y de toda otra dominación extranjera".
La modificación respondió al complejo contexto internacional de la época. Tras la caída de Napoleón, las monarquías europeas habían recuperado poder y circulaban distintas propuestas para que el nuevo Estado sudamericano quedara bajo la protección de alguna casa real europea.
Incluso, una de las alternativas contemplaba a la corte portuguesa instalada en Río de Janeiro, encabezada por Carlota Joaquina de Borbón, hermana de Fernando VII. Durante algunos días, esa posibilidad permaneció abierta desde el punto de vista político.
Para evitar cualquier interpretación que comprometiera la soberanía del nuevo país, los congresales incorporaron la expresión que rechazaba toda dominación extranjera, consolidando así la versión definitiva del Acta de la Independencia.
El sanjuanino al que se le atribuye haber "salvado la República"
La otra gran intervención sanjuanina estuvo protagonizada por Fray Justo Santa María de Oro durante la discusión sobre la forma de gobierno que debía adoptar el nuevo Estado. Videla explicó que con frecuencia se afirma que el religioso "salvó la República". Si bien esa expresión se instaló con el paso del tiempo, aclaró que las actas del Congreso muestran que su aporte fue impedir que se resolviera de manera inmediata la instauración de una monarquía. En lugar de aceptar esa definición, Santa María de Oro pidió que la decisión fuera consultada previamente a los pueblos.
Su intervención logró postergar el tratamiento de esa cuestión y evitó que el Congreso adoptara una decisión apresurada en un contexto de fuertes presiones políticas e internacionales.
Por otra parte, Laprida mantuvo un perfil orientado a la construcción de consensos y al funcionamiento institucional del Congreso, desempeñándose como presidente durante la histórica sesión del 9 de julio.