Un joven de 35 años resultó gravemente herido después de haber sido brutalmente atacado en las inmediaciones de un conocido boliche sanjuanino y, en la Urgencia del Hospital Rawson, aseguró que quienes lo habían agredido habían sido los guardias de seguridad del lugar. Si bien la policía investiga con el objetivo de esclarecer cómo fueron los hechos, no es la primera vez en San Juan que suceden este tipo de episodios, en los que el denominador común es la grave acusación contra los 'patovicas'.
Con traumatismo encéfalo craneano, lesiones en el rostro, traumatismo en las costillas y golpes en todo el cuerpo, la víctima de la golpiza identificado como Esteban Moya fue trasladado al hospital, en la madrugada del jueves, luego de haber protagonizado incidentes en La Llorona. Por los disturbios quedó detenido y fue la misma Policía quien lo llevó en patrullero hasta el nosocomio, donde apuntó contra los encargados de la seguridad.
La última vez que ocurrió un episodio similar y quizás el más resonante fue hace un mes, el 8 de enero. A diferencia del resto, éste quedó registrado en cámara y por ello fue noticia nacional. Sucedió durante las vacaciones de una familia sanjuanina en Mar del Plata. Emiliano Pérez fue noqueado por cuatro patovicas en la puerta de un boliche de la ciudad costera. La paliza que recibió lo dejó inconsciente e internado.
El caso trascendió por el video que registró el momento de la agresión del guardia en el ingreso del boliche situado en Playa Grande, incluso el hermano de la víctima habló con este medio y confesó: "Pensé que mi hermano estaba muerto". Los acusados quedaron imputados por las lesiones en la justicia.
En el territorio local, los casos que se conocieron en las noticias fueron al menos dos: uno en junio de 2017 y el otro en febrero de 2018. En el primero de ellos, un chico denunció en la Comisaría 4ta que un patovica del entonces boliche 'Low' -ubicado en lateral de Circunvalación entre Libertador y Central- lo golpeó y lo atacó con una punta. Pese a la acusación y las heridas del joven que fueron constatadas por un médico legista, la causa no persistió.
El otro caso también tuvo lugar en el verano y tuvo a una muchacha y su novio como damnificados. La denunciante que señaló a los patovicas terminó con la nariz rota y moretones en su rostro, mientras que su pareja quedó con marcas en su cuello producto de las agresiones. Aunque la joven hizo una denuncia pública, no lo hizo así en la Policía y otra vez la acusación tampoco prosperó.