Existen distintos tipos de silencios: los hay por respeto, también por miedo y otros de complicidad. Pero en la Villa Chacabuco, en Rivadavia, el silencio es distinto. Es un silencio vivo, un silencio que quedó después de la desesperación. Son cerca de 30 vecinos los que en la tarde noche de este domingo batallaron cuerpo a cuerpo contra las llamas y lograron salvar la vida de cuatro hermanitos, de 14, 7, 6 y 2 años, que dormían dentro de su casa mientras ésta era consumida por las llamas. Lo lograron. Ellos son los héroes detrás del incendio.
Cuentan que el problema empezó cerca de las 20:30 horas de este domingo, en la casa de Aide Emilia Vedia, más conocida como Carola, una mujer que pasa gran parte de su día trabajando de empleada doméstica para criar a sus cinco hijos: Gabriel Sánchez (17), el único que estaba fuera de casa al momento del incendio, Milagros Sánchez (14), Juan Tomás Mallea (7), Mariano Mallea (6) y Facundo Mallea (2).
Era un día más en la villa. Los niños jugaban a la pelota en la calle, algún que otro vecino tomaba mate en la puerta de casa y otros ya se preparaban para arrancar la semana. Fue uno de esos niños que jugaba a la pelota en la calle el que vio que la casa de la Carola se prendía fuego. Sin pensarlo ni un minuto dejó el fútbol y salió desesperado en busca de auxilio.
En apenas un par de minutos, cerca de 30 vecinos hacían todo lo que tenían a su alcance para salvar a los niños, que habían quedado atrapados dentro de la casa. Todo indica que el incendio se inició por un cortocircuito, provocado un cargador de celular. Adentro, Milagros cuidaba de sus hermanitos.
“Los vecinos llegaron en el acto. Mientras ellos empezaron a apagar las llamas con baldes y con las mangueras, mi nieta Milagros logró salir de la casa con dos de sus hermanos alzados. Pero adentro quedó Juan Tomás (7). A él no lo pudo sacar”, comentó a Tiempo de San Juan Sonia Vedia, la abuela de los chicos.
Las llamas habían avanzado y el fuego ya había consumido casi por completo el techo. Juan Tomás seguía adentro. La desesperación llevó a Milagros a intentar entrar a rescatar a su hermanito, pero una garrafa que estaba arriba de la heladera explotó y la tiró un par de metros para atrás.
Por la puerta principal ya no se podía entrar y el niño había quedado en una de las habitaciones, que la única ventana que tiene, estaba reforzada con rejas.
Mientras a uno de los vecinos se le ocurrió romper el tanque de agua para aliviar el fuego, Daniel Pereyra, un joven vecino rompió las rejas de la ventana y se metió a rescatar a pequeño que, ya inconsciente, estaba en la cama tapado con una manta.
Una vez fuera de la casa, los mismos vecinos le dieron los primeros auxilios y los trasladaron al hospital. “Fue terrible. Después me fui a llorar a mi casa como media hora. Por suerte todos están bien”, relató Daniel.
Por estas horas los hermanos se encuentran internados en el Hospital Rawson. Si bien en un primer momento estuvieron internados en Terapia Intensiva, se encuentran fuera de peligro.