Fue la menor de las nenas abusadas la que tuvo que pasar por Cámara Gesell ya que al momento de la denuncia, en mayo de 2017, E. Q. T. era menor de edad, tenía 16 años. En su encuentro con la psicóloga, la adolescente casi no pudo hablar. Dijo algunas frases contundentes como: "pasó algo con mi padrastro", "cuando mi mamá salía a tender la ropa o llevaba a mis hermanos a la escuela, aprovechaba para manosearme", entre otras.
"Mi mamá salía a tender la ropa y él me manoseaba": duro relato de la nena violada por su padrastro
Los abusos salieron a la luz cuando E. Q. T., un día en la escuela, tuvo un ataque de angustia y llanto importante. La maestra debió llamar a su mamá para que la viniera a buscar. Cuando llegó la madre y le preguntó qué le pasaba, la chiquita le contó que su padrastro, Pedro Daniel Quinteros (40), había abusado sexualmente de ella durante varios años. Rápidamente, la mamá, Dominga Tello (39), fue a radicar la denuncia al Centro ANIVI.
La causa recayó en el Cuarto Juzgado de Instrucción, a cargo del juez Martín Heredia Zaldo. En esa etapa, cuando investigaban los hechos, la hija mayor de la familia, C. Q. T. (18), se quebró y confesó que ella también había sufrido abusos sexuales por parte de su padrastro durante varios años.
Ante esta confesión, la investigación tomó un nuevo giro y siguió su curso pero ya con dos abusos atribuidos al acusado. Luego de una larga etapa investigativa, el juez Heredia Zaldo decidió procesarlo con prisión preventiva por los abusos sexuales contra ambas nenas y también por corrupción de menores.
Ya en el juicio, el relato de la nena que pasó por Cámara Gesell, E. Q. T., entre escasas frases, dejó entrever que su padrastro abusada de ella en momentos en que su mamá no se encontraba en aquel domicilio del barrio Conjunto III o, comúnmente llamado, barrio Sarmiento, en Media Agua, Sarmiento.
Según la psicóloga que la entrevistó la jovencita casi no habló porque "le parecía innombrable el suceso, presentaba importantes signos de depresión y, en todo momento, asumió una postura fetal", lo cual dejaba a las claras que la chiquita sentía vergüenza de contar las terribles vejaciones a las que había sido sometida por parte de su padrastro.
Por su parte, los psicólogos indicaron que el acusado, Pedro Daniel Quinteros, presentaba "una personalidad psicopática, narcisista, con rasgos omnipotentes, siempre tendía a manipular y tenía una actitud de dominio y posesividad sobre las niñas", perfil típico de un abusado de menores.
En todas estas pruebas, la Fiscalía de Estado, ejercida por Leticia Ferrón de Rago, se basó para solicitar la pena de 18 años de prisión para este "héroe sexual", como lo denominó irónicamente la fiscal. Mientras que el abogado defensor, Reinaldo Bedini explicó que el relato de la menor en Cámara Gesell presentaba grandes contradicciones y que lo dicho por ella no podía ser tomado como un elemento contundente para condenar a su defendido. Fue por ello que pidió la absolución para Quinteros.
Finalmente, el juez Ernesto Kerman, de la Sala II de la Cámara -donde se desarrolló el juicio- decidió dar lugar al pedido de la fiscal y lo condenó a 18 años de prisión por los delitos de abuso sexual con acceso carnal agravado por ser encargado de su guarda en concurso ideal con corrupción de menores en perjuicio de E. Q. T.; y, por abuso sexual gravemente ultrajante agravado por ser encargado de su guarda en concurso ideal con corrupción de menores en perjuicio de C. Q. T.; todos los delitos en concurso real.
Un dato a destacar fue que Quinteros se salvó de una pena superior ya que su abogado pudo comprobar que el abusador no era el padre de las nenas, sino el padrastro. Como el padre biológico las dejó, el condenado decidió darles su apellido. Por esto, en la calificación no entró el agravante del vínculo. De lo contrario, podría haber pasado hasta 35 años de prisión.