Maxi Ríos, el guardián de los tesoros circulares

Lo que empezó como un juego con su abuelo se transformó en una colección de 4.500 piezas que hoy impulsa la creación de la Asociación Numismática y Filatélica de San Juan.

Viernes, 17 de julio de 2026 a las 08:22

“Este hobby jamás va a pasar de moda, siempre va a estar, es algo lindo y uno aprende muchísimo”. Convencido, Maximiliano Ríos mira sus carpetas mientras el brillo de los metales refleja una vida dedicada a la numismática. A sus 41 años, recordó que todo nació hace más de tres décadas, en los rincones de la casa de su infancia. “Desde que mi abuelo trabajaba en el Banco de Desarrollo, traía moneditas y yo empecé desde ahí, de muy chiquito”.

Lo que inició como una curiosidad infantil creció hasta convertirse en una colección que hoy supera las 4.500 piezas. Para Maxi, el coleccionismo no es un negocio, sino una filosofía de vida que se retroalimenta. “Es totalmente un hobby, cien por ciento, es simplemente para alimentarlo nada más”. Explicó que su método es circular para no afectar la economía familiar: vende monedas repetidas y con ese dinero compra nuevas para su colección personal, de modo que jamás toca el sueldo de su trabajo administrativo en una fábrica de aceite de oliva.

Sus criterios de búsqueda son tan precisos como apasionados. Colecciona monedas argentinas por año y extranjeras con el objetivo de conseguir primero el país que no tiene para luego buscar la serie completa. Hoy atesora piezas de 264 países diferentes. Entre sus objetos más curiosos, que expone y ofrece de feria, destaca una moneda del Imperio Chino de 1680, aunque admite que su gran anhelo es el "Argentino de oro" y que la pieza casi imposible para cualquier mortal es el medio argentino de oro, de las cuales solo se acuñaron unas pocas antes de que robaran el cuño. También se deja cautivar por la gráfica de los billetes africanos.

Un aula de metal para alejar a los chicos del celular

Maxi Ríos defendió la numismática como una herramienta educativa sin igual para los más jóvenes. Asegura que esta actividad enseñó mucho de diversas áreas porque más allá de la geografía, permitió estudiar economía, historia y metales en una sola pieza. “Es muy bueno para los chicos de hoy, para sacarlos un poco del celular y que aprendan, la numismática enseña todo”, asegura. Destaca además que el hobby fomentó valores y habilidades sociales, ya que los niños aprendieron a negociar en el intercambio y a comprender el valor de las cosas mientras estudiaron cada ejemplar.

Su compromiso con esta pasión lo llevó a convertirse en el único distribuidor de insumos en San Juan, facilitando carpetas, cápsulas y hojas para que otros pudieran conservar sus tesoros. Actualmente, lidera junto a otros entusiastas la formación de la Asociación Numismática y Filatélica de San Juan, que ya cuenta con 70 miembros. Con la meta de obtener la personería jurídica, Maxi proyecta realizar congresos nacionales y crear un museo numismático en la provincia para que esas pequeñas historias de metal salgan de la oscuridad de las casas y brillen bajo la luz del conocimiento compartido.

¿Cuándo es valiosa una moneda o billete?

Para Maximiliano, la determinación del valor de una pieza no responde a un manual estricto, ya que según explica, “eso va a depender de cada persona, no es algo una regla a seguir. Cada uno colecciona a su forma”. Bajo esta premisa, un criterio fundamental es la rareza o escasez extrema, como ocurre con el "medio argentino de oro", una pieza que se volvió inalcanzable porque durante su fabricación “hicieron unas 13, 14 y se robaron el cuño. No pudieron seguir acuñando”, convirtiéndola en algo que los coleccionistas “directamente no la contamos en la colección, no la buscamos porque es casi imposible”.

Por otro lado, la abundancia de ejemplares actúa como un factor que disminuye el valor comercial, especialmente en monedas comunes de las décadas pasadas que se encuentran frecuentemente en los hogares sanjuaninos. Maxi comenta que en estos casos, “al haber tanta cantidad, la oferta es tan alta que la única forma de comercializarlo es así, vendiéndolo por kilo”, llegando a comercializarse el kilo de metal por aproximadamente 5000 pesos. Asimismo, el experto aclaró que la antigüedad no es sinónimo directo de un precio elevado, mencionando que una moneda del Imperio Chino de 1680 puede valer 20.000 pesos mientras que otras de 2000 años de antigüedad rondan los 50.000 pesos, lo cual no representa una cifra astronómica comparada con su tiempo de existencia.

Finalmente, el atractivo visual y la temática son motores de valor para muchos aficionados, especialmente en el ámbito de los billetes. Maxi confiesa que él mismo colecciona ciertos ejemplares “por diseño, justamente por la gráfica”, destacando que “los que tienen mejores diseños son los extranjeros, los de los de África, por lo general tienen unos diseños espectaculares”. De esta manera, el valor se construye también a través del interés personal por completar series específicas, ya sea por “año, por tipo o por animales o por diseño, por temática”, lo que otorga a cada pieza un lugar y un precio especial dentro de la lógica particular de cada coleccionista.