Una de ellas es "el pueblo quiere saber de qué se trata”, expresando lo acontecido en torno al Cabildo abierto del 22 de mayo, del cual mañana se cumple un nuevo aniversario.
Escribe Lozano: "Hay frases que hacen Historia"
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo coadjutor de San Juan de Cuyo y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social
El deseo era enterarse qué estaba tramando el poder local. No era una simple curiosidad movida por tener un chisme de primera mano.
Atrás de "el Pueblo quiere saber…” puedo imaginar "el Pueblo quiere participar”, "el Pueblo quiere comprometerse”.
En los acontecimientos de mayo de 1810 reconocemos el primer grito de Libertad en nuestras tierras. Un clamor que expresa una necesidad de aquel tiempo y de hoy.
Mirando las búsquedas de aquellos hombres y mujeres reconocemos también sus dudas y sus conflictos. En este mareo es bueno volver a preguntarnos "¿qué País queremos ser?”, "¿qué proyecto de Nación deseamos construir?”.
La inquietud los movió a salir de sus casas y acudir al Cabildo. Algunos, sin embargo, se quedaron en la comodidad o en el escepticismo. Les parecía que era inútil, o les resultaba más cómodo que otros resolvieran.
Hoy también nos hace falta compromiso y participación.
Si queremos afianzar este grito libertario hace falta salir del propio egoísmo y comodidad.
La participación ciudadana no se restringe únicamente a votar cada dos años, por más que sea importante. Muy cerca de cada uno de nosotros hay espacios que reclaman participación. La de padres en la escuela, la Comisión de un Club, los equipos de trabajo de la Capilla o la Parroquia, el comedor comunitario del barrio, la sociedad de fomento o unión vecinal…También los sindicatos, partidos políticos, organizaciones sociales.
Es cierto que muchas personas ya tienen sobrecarga de tiempos por cuidar los nietos o algún familiar enfermo. Pero otros podrían disponer de algún tiempo para el servicio solidario.
Cuando el Cardenal Jorge Bergoglio dijo hace unos años "hay que ponerse la Patria al hombro” no pensaba solamente en los políticos, sino en todos los ciudadanos. A veces me da la sensación de que somos graduados universitarios en quejas, y casi analfabetos en compromiso para las soluciones.
Al mundo en general, y a nosotros en particular, nos invade la "globalización de la indiferencia”. Pareciera que tenemos el corazón anestesiado y la conciencia recortada a unas pocas cosas de índole privado. Pasamos de largo ante los demás como si fueran montones de ropa inservible o bolsas de arena. Jesús nos advierte con severidad con la Parábola del Buen Samaritano, la del Hombre rico y el pobre Lázaro, o la del Juicio final, entre otras.
No nos dejemos vencer por la apatía o la comodidad. Pongamos nuestra creatividad e inteligencia al servicio del bien común, de los pobres, de los que son tratados como sobrantes o descartables de la sociedad.
A la fiesta de la vida estamos todos invitados, no dejemos a nadie afuera.
En las Fiestas Patrias volvemos a cantar el Himno Nacional, y solemos hacerlo con emoción. Animémonos a crecer también en solidaridad con los que más sufren.
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