Por Federica Mariconda
Consultora en Comunicación y Prensa.
Sociedad narco - Por Federica Mariconda
Los riesgos de dejar un terreno liberado a la influencia de la droga, donde los narcos son quienes “protegen y dan trabajo”.
Durante cuatro años viajé como consultora a Sinaloa al norte de México, una de las zonas más calientes del narcotráfico en el continente y dominio del Chapo Guzmán, ese hombre inmensamente rico según la revista Forbes que hoy está tras las rejas en una cárcel de máxima seguridad.
Llega un momento en que no importan los miles de muertos de las formas más atroces, no importa el estado de terror permanente de salir a la calle y quedar en medio de la balacera entre dos bandas opositoras, o que tu hija sea raptada en cualquier esquina porque le gustó a algún matón de la droga. Llega el día en que a una sociedad termina sin importarle los valores que pueda haber detrás del pan -o las tortillas- que llevan a su casa.
¿Qué es lo que pasa para que gente esencialmente buena, que quiere trabajar y se encomienda a diario a la Virgen de Guadalupe termine consintiendo el horror de ver cuerpos descuartizados o quemados en ácido; pueblos enteros calcinados, mujeres ultrajadas o amenazas de muerte ante cualquier disputa?
Personas que llegan a contar con cierta naturalidad como van desapareciendo un día el hijo de fulano, al otro el hermano de mengano o el amigo más cercano y, así, casi no hay familia que no tenga algo profundamente doloroso para narrar.
Que prefieren que las fuerzas de seguridad no ingresen porque “cuando ellos vienen, sube la cantidad de secuestros debido a que hay mano de obra desocupada que busca el modo de seguir financiándose”.
O que en las redacciones de los diarios hasta los periodistas más sensibles se van acostumbrando y consideran que “ahorita no tenemos nada para publicar, solo un par de ejecuciones en un pueblo”!
Donde los medios periodísticos, por responsabilidad o temor, no pueden reflejar ni una décima parte de lo que ocurre y surgen paralelamente en la red espacios como ‘el blog del narco’ con imágenes escalofriantes e información muy precisa donde la fuente informativa es –de manera anónima-, la misma gente que participa de las masacres.
Es que hoy la droga debe dejar de ser considerada sólo un problema ético, o de salud de quien consume. Debe tomarse en su total magnitud, la de un gran negocio con organizaciones multinacionales que generan estructuras de dominación a todo nivel: tanto en las capas sociales más empobrecidas, como en las capas medias o altas con cada vez mayores ambiciones y menores escrúpulos; en las fuerzas de seguridad y también en la política.
Por eso, es necesario generar rápidamente anticuerpos. Porque ya se está vislumbrando en Rosario y zonas del conurbano bonaerense el germen enquistado de un mal de dimensiones insospechadas por el ciudadano común. Porque lo que vemos en series como la colombiana sobre Pablo Escobar, ‘El patrón del mal’, o en las noticias sobre México no es ficción. Se trata de una realidad que busca extenderse y penetrar nuevos territorios. Porque debemos estar alertas para que Argentina no caiga presa de un enemigo que viene por nuestros hijos y las instituciones y que, una vez instalado, será muy difícil de vencer.
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