Más allá de los extremos oficialismo-oposición, hay en San Juan un frondoso espectro electoral sin propietario permanente: son los que se mueven según el momento y el estómago, y los que puntualmente votaron en agosto a alguna fórmula que ya quedó descalificada. Allí está puesta la búsqueda de los que siguen en carrera.
¿A dónde van los votos sin dueño?
Uno de cada tres sanjuaninos deberá buscan nuevo candidato en octubre porque el que votó en agosto fue descalificado. Volatilidad forzada y especulaciones sobre esos nuevos destinos. Su impacto en la foto final. Por Sebastián Saharrea.
Quedan variables para el análisis político, de acuerdo a la composición del voto de los “descalificados”. De arranque, un consultor que trabaja en el tema anticipa que habrá en el movimiento migratorio de octubre un reacomodamiento natural por fuera de los identificados con los candidatos que ahora no compiten. Son los votantes afines al oficialismo provincial que por motivos de estrategia, de conjunto o personal, jugó en este turno para que gane A o pierda B.
Es que hubo, aún de manera voluntaria, una gruesa columna de potenciales votantes del oficialismo provincial que –como ya se explicó en esta columna sobre el voto útil- decidieron emplear su voluntad como premio o castigo hacia otros candidatos, prioritariamente pero no excluyentemente a los que participaron en la cerrada interna de Basualdo.
Que pensaron que en el fascinante cabeza a cabeza en el que entró esa definición opositora en el último tramo, qué mejor que zambullirse para seleccionar a quien seguramente ocupará una banca en Diputados independientemente de si gana o pierde en octubre. O que, por el contrario, con motivaciones parecidas de preferencias personales salió a jugar para uno de ellos con la intención de que pierda otro. Ejemplo: voto a Cáceres para que no sigan los “viejos”, voto a Ibarra o a Conti para que no gane el PRO.
También, los que se inclinaron por opositores de afuera de la interna basualdista. Ejemplo: simpatizo con el kirchnerismo pero voto a la izquierda para que entre (y entraron los dos frentes por encima del 1,5%), o no descarto apoyar a Gioja, pero voto a la UCR para que no se quede afuera (y no se quedó afuera sino, por el contrario, hizo una aceptable elección con el 4%).
¿De cuánto es esa columna que votó a la interna opositora y es sensible al cambio por el candidato oficialista, como sería un traspaso de voto de Conti-Ibarra a Tomas? El impulsado por interés político, seguramente menor que el de utilidad ciudadana, estará por verse cuando comiencen a asomar las primeras tendencias sobre en qué manos quedará ese 30%. A priori, no parecen ser pocos, tampoco una multitud, la campaña de cada cual será la clave para afirmar esas tendencias.
El formato del voto de los que se quedaron afuera permite algunas disquisiciones:
-En el voto a Conti-Colombo, que alcanzó a orillar el 13% y se quedó afuera por el canto de una uña, hay procedencias variadas. Para empezar, la feligresía propia de ambos candidatos potentes: el filo-bloquismo de Conti, el filo-radicalismo de Colombo. No resulta imposible pensar que una parte de los primeros enfile a la lista de Tomas -donde se concentra el oficialismo bloquista y el candidato Andrés Chanampa- y una parte de los segundos ponga proa al radicalismo orgánico.
De igual modo, la matriz del voto a Conti fue eminentemente opositora, al menos en el plano nacional, y eso sugiere que el grueso de quienes los prefirieron seleccionará ahora alguna opción igualmente opositora. Y, entre ellos, el que mayores chances tiene de cosechar en ese campo, no el único, es el macrista Cáceres.
-En el voto a Ibarra, que alcanzó el nada despreciable margen de 10 puntos, las cosas parecen ser diferentes. De acuerdo a un consultor que se dedicó estos días a sondear científicamente esta volatilidad forzada del voto, se verifica en este momento un volumen de votantes de Ibarra que no admite haberlo votado. De otra manera: si uno pregunta a quién votó en agosto, la respuesta no arroja el resultado que dio el escrutinio, y lo más llamativo se verifica en los votantes del rawsino.
Eso quiere decir -según su análisis- que hay una franja que lo votó y que ahora niega haberlo hecho, lo que indica que ha puesto proa al oficialismo. Ibarra protagonizó una campaña de tono opositor moderado, lo que lo ubica sin puentes rotos con el oficialismo y en la línea de Roberto Basualdo. Eso puede ser una señal hacia su electorado en la misma dirección. Ahora bien, en el ibarrismo convive una línea de corte opositor más estricto: la de los camioneros de Moyano-Castro y la de Wbaldino Acosta, aunque a todo lo que pueda arrastrar ése último le costará recostarlo hacia el PRO, luego de las fricciones personales entre el hijo del ex gobernador y el candidato macrista.
-El voto de Fabián Martín es lisa y llanamente el voto basualdista puro. Si bien ensaya desde su génesis el tono de la moderación, los votantes del senador están formateados en la oposición, tanto nacional como provincial. Es menos factible en este flanco que se disparen votos al oficialismo ante el resultado adverso al candidato puro. Lo sí puede ocurrir con mayor probabilidad es que una parte de esos votos que se sientan disconformes con el ganador de la interna (Cáceres) escurran hacia otros destinos aún más opositores, como el caso de Nancy Avelín o Dignidad Ciudadana.
Del lado de César Jofré, la cuestión es más sencilla. Sus votos son opositores y su descalificación hará que fluyan a otro destino igualmente opositor, basualdista o no. Igual es una expresión minoritarios: el 1%.
Ante este panorama, el oficialismo y todo el abanico que se le opone tiene por delante un tablero generoso y desafiante de aquí a dos meses. Todos saldrán más gordos en octubre, respecto de lo que sacaron en agosto. El asunto es cuánto: y el margen que arroje la matemática será el que deje moralejas políticas, más que la ocupación de bancas, de resultado más cantado.
Para Cáceres, la receta será la de no recostarse sobre el amarillo Pro si quiere ganar el concurso de los que perdieron y no les hace ninguna gracia jugar para Macri. Cuanto más se incline a su origen macrista, Cáceres perderá poder de fuego y esa será una vara para medir la campaña.
Para el resto de la oposición, se abre una chance inmejorable de decorar el resultado con un número impactante, producto de la caza y de la pesca de los que queden en la banquina.
Y para el oficialismo, ir buscando un nuevo techo de votos más cercano a su tradición. Un encuestador local señala que el 50% de los votantes quieren legisladores en contra de CFK y un 45% los quiere a favor. Contra ese presunto tope funciona otro dato de la realidad: la imagen del gobernador Gioja sigue en torno al 68-70%, lo que implica que no fue afectada su potencialidad por el resultado de las PASO. Entre esas dos bandas estará su punto de equilibrio.
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