El desafío de elegir un jardín maternal - María Emilia Baez. Profesora de Nivel Inicial
A ningún papá ni mamá le resulta fácil dejar por unas horas a su hijo bajo el cuidado de otra persona que no sean ellos, no importa si tiene 45 días o 3 años los miedos de los papás son los mismos y la preocupación por encontrar un jardín maternal o “guardería” adecuados se convierte en una difícil tarea.
Ahora bien ¿cómo elegir el jardín adecuado? El lugar perfecto no existe y cada familia tiene necesidades e intereses de acuerdo a sus propias circunstancias que hay que intentar conciliar con la filosofía y servicios de la institución que se elige.
Es importante tener en cuenta que tanto los centros públicos como privados deben cumplir con las normas de habilitación generales exigidas por las autoridades competentes en cuanto a higiene y salubridad. En San Juan los jardines maternales (que reciben niños desde los 45 días hasta los 4 años inclusive) deben contar con la habilitación municipal, de Salud Pública y de Bomberos mientras que la autorización del ministerio de Educación, de acuerdo a la legislación local, sólo es exigida para los maternos de los colegios privados. Todas las habilitaciones deben ser exhibidas y estar a disposición de los papás cuando son requeridas.
Como regla general, el espacio debe ser amplio y exclusivo. Cuánto más pequeños son los niños, mayor es la atención que necesitan. En los centros maternales, según el marco legal, sólo pueden estar ocho niños por clase en el caso de ser niños menores de doce meses y veinte si ya tienen entre uno y dos años.
Es de vital importancia la responsabilidad y compromiso de los papás a la hora de elegir la institución adecuada. La clave es buscar un lugar que le proporcione a su hijo un ambiente acogedor, con profesionales formados para guiar y fomentar el desarrollo del niño, con valores similares a los sostenidos por la familia. Para ello es necesario recorrer varios jardines, escuchar las distintas propuestas tanto pedagógicas como de servicios y buscar referencias a través de otros papás, vecinos o amigos.
Tan importante como las habilitaciones reglamentarias es la tranquilidad de los papás. Ellos deben sentirse con total derecho a poder entrar al jardín a cualquier hora para observar no sólo el edificio, sino cómo se siente su hijo, cómo juega, cómo aprende, cómo se relaciona con los compañeritos y la docente. Sin invadir, el padre puede y debe conocer el espacio donde su hijo permanece cuando no se encuentra a su cuidado. De la misma manera, la “palabra” del niño debe ser tenida en cuenta prestando atención a sus reacciones respecto a la atención que recibe en la institución.
El docente nunca reemplazará a la familia pero la confianza mutua entre papás y educadores hará que el proceso de adaptación del niño sea más fácil y así tanto la familia como el jardín transitarán una enriquecedora experiencia en el cuidado y educación de los pequeños.
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