La complejización creciente del turismo, con sus múltiples aspectos interrelacionados, hizo necesaria la aparición de planes de formación profesional que brindaron respuestas a la demanda creciente de recursos humanos especializados en este fenómeno.
Dada la amplitud del Turismo, que en su desarrollo quedo vinculado a casi todas las esferas de la actividad humana (económicas, sociales, políticas, ambientales, jurídicas, antropológicas, geográficas y psicológicas, entre otras) fue necesaria la diversificación de las propuestas formativas.
Sin embargo a pesar de la enorme oferta de títulos que proliferan actualmente en nuestro país, tres fueron las profesiones que por sus características intrínsecas se destacaron hasta la actualidad: la formación a nivel técnico operativo (Tecnicaturas en Turismo), la formación a nivel estratégico gerencial (Licenciaturas en Turismo), y la formación de quienes tendrían la misión de interpretar el patrimonio turístico de sitios y espacios determinados (Guías de Turismo).
La posterior aparición de Técnicos y Licenciados especializados en el rubro hotelero no harían sino cimentar esta tendencia a la profesionalización de los recursos humanos vinculados al sector.
La profesionalización de la actividad es fundamental a la hora de pensar en un desarrollo turístico inteligente, equilibrado y planificado, que reduzca las desigualdades y los impactos negativos de la práctica turística, asegurando un derrame equitativo y justo de sus beneficios.
La alternativa a lo anterior es continuar con la improvisación, las medidas espasmódicas, y la visión cortoplacista en una actividad que debería dejar de ser un campo de ensayo para improvisados, negando en los hechos lo que muchas veces se declama en público: considerar al Turismo como política de Estado.