La obra de iluminación la contamos en metros de cable, con más razón si la obra es chiquita hay que agrandarla (sin mentir) contando cada milímetro de cobre multiplicado por cada pelito que va adentro del cable, y por cada fase que son 3 más el neutro. Un pavimento, rinde más si se dice en metros cuadrados (no te digo nada si lo decimos en decímetros, es un numerazo) que en metros lineales, y obviamente la recolección de residuos en kilogramos de basura es un número importante y exagerado, mayor, que si lo dijéramos en toneladas o en cantidad de bolsas. Usted tiene razón es una estupidez, pero preste atención, porque así hablan algunas gestiones municipales. Es como destacar la importancia del Museo Franklin Rawson desde la cantidad de bolsas de cemento, o el Centro Cívico por ser el edificio con más cerramientos de aluminio de la provincia. Bien dicho, una estupidez, que por vicio está instalada.
Existe tanta emoción y compromiso en la difusión de los números fríos y racionales, como argumentos y sentimientos trigonométricos en la preparación y emisión de un voto. Los números no dicen ni seducen a nadie, sin embargo, seguimos insistiendo en ese proceso de comunicación exagerada que distancia y no facilita la conversación entre los vecinos y sus representantes. La lógica de hacerlo de esa manera responde a la fiaca mental publicitaria sanjuanina, a la prepotencia anticuada y propagandística del que gestiona (porque además es el cliente que pide, aprueba y paga o no, el trabajo), y también a los límites culturales existentes en un mercado político-electoral coincidente al mercado ofertero-comercial. Lo digo de otra manera, aquí creemos en el precio psicológico más que a las bondades del producto.
Menos Intendentes contadores
Ya está, me aburrí, y para colmo la tendencia sigue en alza. Buena parte de los gobiernos municipales, sus publicistas y comunicadores, más un importante set de calculadoras científicas nos juntamos para definir la comunicación eficiente y exagerada de alguna administración municipal. Por Daniel Soler.
Este estilo, de decirlo todo desde el lugar de los números, no es comunicación, es propaganda, acción de ida, es jactancia del que gobierna, es un superior que concede desde un importante lugar de autoridad el beneficio de la obra que podría no entregarse. Es un favor del funcionario de turno que cobra sus honores vía carta documento por televisión. Es lejanía. Yo hago y satisfago, dispongo, defino, digo lo que me interesa decir, para escucharme importante. Por ende dice todo lo que a ÉL le costó hacer la obra y no como esa obra le cambiará la vida a la gente, y lo bueno que debe conocer la comunidad.
El valor de un mensaje no lo pone quien lo emite, siempre está en quien lo recibe. El valor es un diferencial en la percepción del público entre la promesa efectuada y la obra final. La sucesión de valoraciones positivas o negativas hacen a la imagen del candidato o gestión.
Hoy la comunicación fluye de manera incontenible de ida y vuelta. En aceptar esta condición elemental ya hay innovación, mayor valor cívico, cercanía, responsabilidad compartida, al considerar al vecino como parte de la organización y su equipo de gobierno. El cambio está en aceptar que las gestiones municipales es una gestión de relaciones, de proximidad, de cercanía y emoción, de comunicación y no de números. Con buena energía en las comunicaciones podemos romper el círculo aislante del gobierno para llegar y contagiar a los equipos de trabajo relacionados con el municipio, a cada vecino en su puerta y en su barrio, y en cada experiencia común hacer más marca y más confianza.
Hoy los gestionadores exitosos creen en la igualdad y en el compromiso con las demandas y su rendición de cuentas diarias y por horas. Saben que el secreto está en "lo que hacemos más que en lo que decimos”. Incluso en la Nación se preparan para entender y asistir de primera mano a los municipios sabiendo que la dinamicidad de la comunicación y de una buena gestión implica respuestas cortas y eficientes en cada rincón del país.
Conozco un intendente que personalmente invierte horas de teléfono y redes sociales en escuchar a la gente y sus quejas. Me explicita el liderazgo "aprendo y dirijo mejor sabiéndolo de primera mano" y agrega desde su naturaleza política "por cada llamado que contesto y soluciono habrá un vecino satisfecho y dispuesto a contarlo" "es simple, debo tener más de estos que de los otros y habré logrado un buena gestión”. Ha logrado un equipo con "Gente que trae más gente para ayudar a la gente", y esa energía supera la clásica firma de "gestión pirulo" concepto viejo y emparentado con los números. No hay ciudad sin liderazgos municipales fuertes. No hay liderazgo sin la seducción diaria y permanente de facilitar una respuesta al vecino que confió, que no es un número, y menos un personaje de la televisión.
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