“Uno tiene camiones que los está usando, pero con seguridad que el 90% del parque que tenemos no supera el 2018 de año de fabricación”, adviertió José Maldonado, titular de la Unión de Propietarios de Camiones (UPROCAM) provincial, para describir el punto de partida del sector frente a las grandes promesas de la minería en San Juan. Esta antigüedad de la flota es el principal dilema que encuentran los transportistas locales, ya que las empresas mineras establecen requisitos estrictos de modernidad, seguridad y eficiencia que las unidades actuales no pueden cumplir.
El problema no es solo la antigüedad, sino la brecha tecnológica y normativa que separa al transporte común de la gran minería. Mientras que el parque automotor sanjuanino se mantuvo con esfuerzo durante los últimos años, las operadoras mineras exigen hoy unidades con un máximo de cinco a siete años de antigüedad. Para los dueños de camiones locales, esto implica la necesidad de una renovación casi total de sus herramientas de trabajo en un contexto donde el acceso al capital es inexistente.
Maldonado, en diálogo con Radio Colón este miércoles, se refirió a la imposibilidad de afrontar este cambio con recursos propios. Según explicó el dirigente, el entusiasmo por el movimiento que genera la actividad minera choca contra la pared de los costos financieros. “¿Cómo nos podemos preparar con entusiasmo nada más? Esperando que salga, se empiece a mover y haya algún contrato para salir a los bancos a pedir plata para comprar camiones que realmente sirvan para trabajar la minería”, sostuvo sobre la necesidad de contar con garantías contractuales antes de endeudarse.
La magnitud de la inversión requerida es otro de los argumentos que explican por qué el impacto minero todavía no llega al grueso de los transportistas. Un camión de tipo 6x4, que es el estándar para trabajar en alta montaña, tiene un costo mínimo de 250 mil dólares, dijo, cifra a la que hay que sumar el remolque o el equipo adicional que se enganche. En total, poner una sola unidad en la ruta para la minería demanda un desembolso de aproximadamente 300 millones de pesos, aseguró el referente del sector.
Sobre esta barrera económica, el titular de UPROCAM detalló que “ese es el problema grave que tenemos, porque vos te ponés en una licitación y la licitación se abre cuando empieza a haber necesidades. Abren una licitación, hacen falta 10 o 20 camiones para un trabajo y tenés que salir a buscar los créditos para comprarlos, porque no creo que tengamos un millón de dólares guardados cada uno para poder cumplir la demanda”. Sin una línea de crédito blanda o un sistema de contratación que brinde seguridad jurídica a largo plazo, el riesgo de compra es inasumible para el pequeño y mediano propietario.
A esto se suma la inestabilidad que notaron en experiencias recientes del sector. La minería se vive todavía como una expectativa que a veces se frustra en el corto plazo. Maldonado citó el ejemplo de lo ocurrido con las licitaciones en proyectos vinculados a la zona de Veladero y Gualcamayo, donde empresas locales ganaron contratos que duraron apenas un mes antes de ser paralizados. “La minería es una expectativa, pero claramente por lo menos para el sector de los camiones está todavía lejana”, resumió sobre la cautela que prima entre sus asociados.
Para intentar acortar esta distancia, la Cámara ha decidido pasar a la acción gremial y técnica. Hace poco se creó una subcomisión minera dentro de la institución que trabaja exclusivamente en la gestión de esta demanda. Este grupo mantiene reuniones frecuentes para interiorizarse con las cámaras mineras y con las operadoras directas, buscando mecanismos que permitan a los transportistas sanjuaninos integrarse a la cadena de valor de los grandes proyectos.
El presente entre la cal y el vino frente a la promesa del cobre
Hoy el grueso del transporte de carga en San Juan sobrevive gracias a las industrias tradicionales de la provincia mientras mira de reojo la cordillera. El trabajo cotidiano se reparte entre el traslado de cerámica, el transporte de vinos y otros productos locales que se distribuyen hacia distintas provincias del país, según explicó el referente. Un sector importante sigue volcado a la exportación de cal hacia Chile, aunque esta actividad se ve frecuentemente interrumpida por factores climáticos. Durante las últimas semanas, por ejemplo, el temporal de nieve en la cordillera dejó a gran parte de la flota varada o inactiva en la ruta hacia el paso fronterizo, una muestra de la vulnerabilidad de las rutas logísticas actuales.
Además, el sector siente el impacto directo de la crisis económica general. Maldonado explicó que el transporte es el primer termómetro del consumo: cuando cae, la actividad de los camiones se frena de inmediato. En este marco de recesión en el transporte convencional, la minería aparece como la única salida posible para un crecimiento sostenible a futuro.
La expectativa así está puesta en el desarrollo histórico que atraviesa la minería en San Juan, impulsado especialmente por proyectos de cobre de escala mundial como Josemaría, Los Azules, El Pachón, Filo del Sol y Altar. La provincia se consolida como el segundo polo de empleo minero del país y se proyecta que la puesta en marcha de estas minas de cobre demandará más de 50.000 trabajadores directos para el año 2035. Para los dueños de camiones, este escenario representa una oportunidad única para multiplicar su actividad, siempre y cuando se logre implementar con éxito la Ley de Desarrollo Local Minero que se aprobó por iniciativa del orreguismo recientemente, que busca priorizar a los proveedores y la mano de obra sanjuanina frente a las grandes multinacionales.