Los rumores son como incendios pequeños: empiezan con una chispa y, si encuentran oxígeno, se expanden hasta consumir todo a su alrededor. A veces basta un comentario al pasar, una media verdad disfrazada de confidencia o un falso testimonio lanzado con intención de herir. Y lo más doloroso no siempre es lo que se dice, sino la sensación de que tu vida, tu historia o tu nombre quedan en manos ajenas.