El último informe técnico del Semáforo de Economías Regionales, confeccionado por Coninagro, encendió alarmas de máxima gravedad para el motor productivo de la provincia de Mendoza. El monitor, que evalúa mensualmente las variables de negocio, producción y mercado a nivel nacional, arrojó que las dos principales actividades de la provincia -la vitivinicultura y las hortalizas- se encuentran completamente paralizadas en la zona roja (crítica), asfixiadas por costos al alza y precios que no logran cubrir la inflación.
En contraste, la producción frutícola de pepita resiste con señales mixtas en zona amarilla, mientras que la papa se convirtió en la única nota positiva del mes al registrar un salto de nivel debido a un reordenamiento de su superficie sembrada.
La vitivinicultura, atrapada en su crisis histórica
El panorama para el sector del vino y el mosto roza niveles dramáticos. De acuerdo con el registro histórico de los últimos ocho años, la actividad vitivinícola ha permanecido el 72% del tiempo en situación de crisis, consolidándose como una de las economías regionales más golpeadas de la Argentina.
En abril de 2026, el precio promedio real que percibió el productor se ubicó en $273 por litro, lo que marca una caída del 1% mensual y un desplome nominal del 18% interanual. Frente a una inflación interanualizada del 32,4%, la pérdida del poder adquisitivo para el viñatero es devastadora.
La crisis se traslada de forma directa a la estructura de la cadena de valor y al consumo. Históricamente, el productor mendocino retenía el 26% del precio final que el consumidor pagaba en góndola. Hoy, debido a los costos de industrialización, logística y empaque, su participación cayó a un histórico 12%.
Por otra parte, la superficie implantada se redujo un 2%, perforando la barrera de las 200 mil hectáreas para ubicarse en 196.000. Paralelamente, la vendimia 2026 arrojó una producción de 18,4 millones de toneladas, un 7% menos que la campaña anterior.
En tanto, el consumo interno proyectado sufrió una fuerte contracción del 10%, promediando apenas 14,5 litros por habitante al año. En el plano internacional, si bien las exportaciones del cuatrimestre sumaron USD 271 millones, se posicionaron un 5% por debajo de su promedio histórico. La preocupación mayor radica en las importaciones de vino, que se dispararon un 63%, alcanzando los USD 43,3 millones en los últimos doce meses.
El cinturón verde mendocino sufre el estancamiento
La horticultura provincial tampoco encuentra un piso. Los precios promedio del kilo de hortalizas (calculados sobre el tomate, la cebolla, el zapallo y la zanahoria) se plancharon en $569, lo que representa una brutal caída nominal del 24% interanual. Al no acompañar la suba de los insumos y los costos operativos primarios, el margen bruto del productor se desintegró, reduciendo su participación en el valor final de góndola a un magro 19%.
La única bocanada de aire para este sector provino del comercio exterior, donde las importaciones cayeron un 73%, bajando la presión de productos extranjeros en el mercado doméstico.
Señales mixtas en peras y manzanas, y un alivio para la papa
La otra cara de la moneda la muestran las frutas de pepita y los tubérculos. En el sector de peras y manzanas (zona amarilla), los productores lograron defender su rentabilidad gracias a un incremento interanual de precios del 40%, ganándole la carrera a la inflación a pesar de una leve caída del 3% en los volúmenes de producción. No obstante, el sector permanece bajo observación por una agresiva presión importadora, que creció un 152% interanual.
Finalmente, la papa representó la gran sorpresa del Semáforo al pasar de rojo a amarillo. Luego de una campaña anterior caótica donde la sobreoferta destruyó los valores de mercado, los productores aplicaron una fuerte corrección: redujeron un 12% la superficie sembrada a nivel nacional (quedando en 33.722 hectáreas).
Esta menor disponibilidad del producto en el mercado surtió el efecto deseado, impulsando el precio al productor hasta los $448 por kilo en abril, lo que significa un aumento mensual del 10% y una recuperación del 65% en comparación con el año pasado. Si bien su participación en la góndola (28%) aún está lejos del promedio histórico del 36%, el reordenamiento de la oferta le ha devuelto el oxígeno financiero a la actividad.