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viernes 5 de junio de 2026

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"Futuro desierto": la serie que arranca como una gran tragedia sci‑fi y termina atrapada en ideas ya conocidas

La miniserie mexicana de Netflix, creada y dirigida por los argentinos Lucía y Nicolás Puenzo, instala preguntas potentes, pero queda en ideas muy transitadas.

Por Daiana Kaziura

Desde su estreno en Netflix, "Futuro desierto" se metió entre los contenidos más vistos de la región. La serie de seis episodios, creada y dirigida por los reconocidos cineastas argentinos Lucía y Nicolás Puenzo, propone un futuro cercano en el que los robots humanoides ya no son herramientas, sino sustitutos emocionales. Y durante su primer capítulo consigue algo cada vez más raro en la ciencia ficción: incomodar de verdad. El problema aparece después. Lo que comienza como un drama psicológico tenso y perturbador se va diluyendo en un relato más ambicioso que preciso, atrapado en dilemas éticos y afectivos que el género viene explorando desde hace décadas.

La historia se sitúa en 2035 y sigue a Alex, un psiquiatra que atraviesa el duelo por la muerte de su esposa. Para alejarse del ritmo de Silicon Valley, se instala con sus hijos en una zona aislada de Chiapas junto a María, una androide diseñada por su esposa fallecida para ocupar su lugar como madre.

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Al mismo tiempo, Alex participa del proyecto que desarrolla AMBIS, esos robots hiperrealistas capaces de incorporar información sobre personas reales para representarlas casi a la perfección. Lo que parece una investigación tecnológica termina revelándose como un experimento secreto destinado a medir el impacto psicológico de convivir con máquinas indistinguibles de los humanos.

La serie acierta cuando se concentra en esa convivencia incómoda y evita la guerra clásica entre humanos y máquinas. Sus preguntas más interesantes son íntimas: ¿qué significa ser familia?, ¿qué diferencia a una persona de una simulación perfecta?, ¿hasta dónde puede llegar el deseo de retener a quien ya no está? En esos momentos aparece una ciencia ficción melancólica, más cercana al duelo que al espectáculo.

El inconveniente es el ritmo. El primer episodio (centrado en una pareja que pierde a su hija y recurre a un AMBI para reemplazarla) tiene una fuerza emocional notable y un cierre tan cruel como prometedor. Sin embargo, el resto de la temporada abandona rápidamente ese tono y se dispersa entre conspiraciones, experimentos corporativos y explicaciones sobre la IA. La sensación dominante es que la serie ya mostró su mejor idea demasiado pronto.

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También juegan en contra unas actuaciones desparejas y una reiteración temática constante: la desconfianza hacia las máquinas y el peligro de convertir el duelo en producto tecnológico. La puesta mantiene la tensión y consigue que siempre parezca inminente una revelación importante, pero el relato rara vez alcanza la intensidad que su arranque hacía esperar.

Por eso la gran paradoja de “Futuro desierto” es que su mejor episodio funciona casi como una obra independiente. Promete una exploración emocional devastadora sobre el reemplazo afectivo y luego se convierte en una ciencia ficción correcta, competente por momentos, pero mucho menos singular de lo que parecía en los primeros 40 minutos.

Embed - Futuro desierto | Tráiler oficial | Netflix

Si te atrapó el primer capítulo de "Futuro desierto", hay una película de 2001 que tenés que ver

La potencia emocional del comienzo de "Futuro desierto" remite inevitablemente a "A.I. Inteligencia Artificial" (2001), la película dirigida por Steven Spielberg a partir de un proyecto concebido durante décadas por Stanley Kubrick.

Basada en el relato “Los superjuguetes duran todo el verano”, de Brian Aldiss, la película imagina un mundo afectado por el calentamiento global y la escasez de recursos, donde David, un niño robot programado para amar, es adoptado por una familia cuyo hijo biológico está en coma. Cuando ese niño despierta y David es abandonado, comienza una búsqueda dolorosa para convertirse en humano.

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Lo que hace que A.I. siga siendo relevante 25 años después es que toma el mismo núcleo dramático que sugiere "Futuro desierto "(la sustitución emocional mediante tecnología) y lo lleva hasta sus consecuencias más incómodas. En lugar de apoyarse en una conspiración externa, la película convierte el problema en una tragedia íntima: ¿qué ocurre cuando una máquina ama de verdad a personas que nunca podrán corresponderle del mismo modo?

La interpretación de Haley Joel Osment (el mismo actor que por esos años protagonizó Sexto Sentido) continúa siendo el centro emocional del film, y la combinación entre la sensibilidad de Spielberg y la frialdad conceptual heredada de Kubrick produce una obra extraña, ambiciosa y deliberadamente cruel. No es casual que muchos la consideren una de las películas más incómodas de la filmografía de Spielberg.

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Si el primer episodio de "Futuro desierto" te dejó con ganas de una exploración más intensa del vínculo entre duelo, amor y tecnología, A.I. Inteligencia Artificial sigue siendo la referencia más poderosa. Y, justamente por eso, también deja más expuesto el principal problema de la serie: plantea preguntas muy buenas, pero rara vez alcanza la profundidad emocional de las obras que inevitablemente recuerda.

"A.I. Inteligencia Artificial" está disponible en Apple TV y Mercado Play

Embed - Inteligencia Artificial # Trailer Español

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