En la era digital, las relaciones de pareja enfrentan nuevos desafíos. Uno de los más complejos es el de la infidelidad virtual: coqueteos por redes sociales, conversaciones íntimas por mensajes, sexting o incluso vínculos emocionales sostenidos a través de una pantalla. Esto plantea una pregunta cada vez más frecuente en terapia y espacios de coaching: ¿se perdonan más fácilmente los engaños virtuales que los físicos?