Alumnos tapados con frazadas, ventanas tapadas con cartones, calefactores que no funcionan, puertas provisorias y otros problemas que son una verdadera verguenza en un colegio de la localidad bonaerense de Mar del Plata, donde los alumnos y docentes sufren desde hace largo tiempo las inclemencias del tiempo frío y la falta de atención por parte de las autoridades.
Desesperante: por el frío alumnos van a clases con frazadas
La directora de la institución, Claudia Luengo, aseguró que la situación es "angustiante" y que no obtienen respuestas desde 2015. "Por el único motivo que esta escuela se sostiene es por sus docentes", dijo.
La escuela secundaria N°33 (ubicada en la calle Benito Lynch al 4800) evidencia su deplorable estado en cada uno de los registros que la comunidad educativa toma y comparte, para encontrar alguna solución.
“Las imágenes fueron tomadas el pasado viernes, pero estamos así desde el 2015. Ya no sé dónde presentar los reclamos”, denunció, al tiempo que aseguró que “pasaron tres gestiones y una intervención, y aún así no recibo soluciones por parte del Consejo Escolar”.
Si bien aseguró que el estado general del edilicio es “preocupante”, aseguró que el pedido más urgente son las 20 ventanas que faltan desde 2015 en la escuela que cuenta con ocho aulas y una matrícula de 310 adolescentes.
Una donación de vidrios por parte de una empresa, permitió hace unos años cubrir la totalidad de las aberturas con ventanas fijas. Pero la explosión de la escuela en la localidad bonaerense de Moreno dio lugar a una serie de inspecciones que terminaron obligando a Luengo a removerlas ante las complicaciones que podría generar la falta de ventilación.
“Yo estaba totalmente de acuerdo, por eso las saqué esperanzada de que iban a volver con nuevas ventanas. Pero eso nunca pasó y tuvimos que cubrirlas con cartones”, recriminó.
Los problemas en el edificio datan de tan larga data, que Luengo teme que la comunidad comience a “naturalizarlos”.
“Ninguna puerta corresponde a su marco. Ya para nosotros es común estar con tijeras en los bolsillos para abrir una puerta que queda trabada o salir al rescate de estudiantes o profesores que se hayan quedado encerrados. Tengo miedo que se naturalice, aunque toda persona nueva que entra se queda realmente espantada”, señaló.
“La verdad es que me quedé sin herramientas para reclamar. Desde que asumí como directora el 4 de junio de 2015 que presenté todos los pedidos correspondientes. Ya no sé dónde reclamar”, agregó.
La directora dedicó párrafo aparte a los docentes y auxiliares que la acompañan en la cotidianidad de la escuela. “Por el único motivo que esta escuela se sostiene es por sus docentes; tengo un equipo que es para sacarse el sombrero, no hay sueldo que pueda pagar semejante dedicación”, aseguró.