Hay algo que no cambia en Matías Sánchez pese a los títulos, los viajes y los años lejos de San Juan: la naturalidad con la que vuelve a su lugar en el mundo. La charla con Tiempo de San Juan se da en la plaza de su barrio, esa en la que todavía los vecinos pasan, frenan un segundo y lo saludan como si siguiera siendo el chico de Obras que soñaba con jugar al vóley y no una de las piezas claves de la Selección Argentina. Aunque las temperaturas ya bajaron, él está de mangas cortas. Disfruta el solcito sanjuanino, el aire seco, el ritmo de simplemente estar en casa después de otra temporada intensa en Europa.
Viene de ser campeón en Francia con el Montpellier, donde incluso fue distinguido como el mejor armador de la liga, y de renovar por una temporada más, pero en estos días el foco está puesto en la familia, los amigos, los asados y ese tiempo que siente que hace años no tiene. “Siempre se hace corto”, repite varias veces durante la charla. Llegó hace apenas unos días y ya tiene marcada la vuelta. Buenos Aires y otra vez la Selección Argentina. Después vendrán nuevamente los aeropuertos, los hoteles, las concentraciones y los meses lejos de casa.
Porque detrás de una carrera que parece soñada también existe un desgaste silencioso. Hace casi una década que vive prácticamente sin pausa, desde 2018, cuando fue convocado por primera vez a la Mayor, aunque desde 2013 venía integrando las selecciones juveniles. Entre temporadas de clubes y compromisos con la albiceleste, asegura que nunca logra tener más de dos o tres semanas seguidas de descanso. “Uno espera todo el año estos días para volver, para estar con la familia, con los amigos, y cuando te querés dar cuenta ya tenés otra vez el bolso armado y un avión que tomar. Si junto todos los días libres del año, capaz tengo eso”, dice. Y aunque el vóley sigue siendo lo que más ama, reconoce que con el paso del tiempo empezó a sentir cada vez más el peso de estar lejos de los suyos.
“Cuando era más chico era más inconsciente, me iba y listo. Ahora empezás a pensar en todo lo que te perdés”, cuenta. Cumpleaños familiares, casamientos de amigos, momentos simples o incluso ver crecer a sus sobrinos son cosas que muchas veces le toca atravesar desde otro país. Ahí aparece una de las reflexiones más sinceras de toda la charla: el alto rendimiento no solo exige físicamente, también consume emocionalmente.
Por eso, mientras habla del presente y del futuro, varias veces vuelve sobre la misma idea, la de priorizar a la persona antes que al deportista. Sánchez asegura que hoy disfruta mucho más las pequeñas cosas. Mandar un mensaje y organizar un asado improvisado con amigos, salir a caminar tranquilo o simplemente tomar mate bajo el sol sanjuanino son escenas que en Europa no encuentra tan fácilmente. “Allá todo es más organizado. Acá está esa espontaneidad linda que se extraña mucho”, explica.
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En el medio de esa búsqueda personal también apareció Francia, una decisión que muchos cuestionaron desde lo deportivo. Después de competir en Polonia, quizás, la liga más fuerte del mundo, varios entendían que mudarse a Montpellier significaba bajar un escalón. Pero él necesitaba otra cosa. Quería volver a sentirse bien fuera de la cancha. Y el tiempo terminó dándole la razón, porque salió campeón, renovó contrato y recuperó sensaciones que había perdido. “En Polonia eran las tres de la tarde y parecía de noche, hacían menos 17 grados. En Francia pude volver a caminar por la playa, tomar mate tranquilo, disfrutar un poco más de la vida”, cuenta.
Ese equilibrio entre bienestar personal y exigencia profesional atraviesa toda su historia. Sobre todo cuando recuerda sus inicios en Obras y aquellas críticas que lo marcaron de chico. En un deporte dominado por jugadores altos, escuchó demasiadas veces que era “muy chiquito” para llegar lejos. “Obviamente que esas cosas te llegan”, reconoce. Incluso admite que hubo comentarios de personas importantes para él que le dolieron mucho en aquel momento.
Sin embargo, nunca se obsesionó con demostrar nada. Dice que jamás imaginó realmente tener la carrera que terminó construyendo. “Si hace 15 años me preguntabas si esto iba a pasar, te decía que era imposible”, asegura. Y quizás por eso insiste tanto en una palabra: disfrute. Porque más allá de los títulos, de la Selección y de los viajes, siente que lo que lo sostuvo todos estos años fue seguir enamorado del vóley.
Embed - Matías Sanchez a Tiempo: "Decían que por mi altura no iba a llegar"
Aunque eso no significa estar blindado. Sánchez reconoce que el hate y los comentarios en redes sociales son una parte difícil de atravesar para cualquier deportista. Sobre todo cuando llegan mientras se representa al país o después de meses lejos de la familia. “La gente muchas veces no sabe todo lo que uno resigna. Muchas veces los comentarios duelen no por lo que dicen, sino porque la gente no sabe todo el esfuerzo que hay detrás para poder vivir de esto”, explica. Por eso intenta mantenerse lo más lejos posible de las críticas y apoyarse en su círculo íntimo: sus padres, hermanos, amigos y la gente que estuvo incluso cuando nadie más estaba.
Ahora volverá a ponerse la camiseta argentina en una temporada exigente. Primero llegarán los amistosos y luego la Volleyball Nations League, una competencia clave pensando en el ranking mundial y en el gran objetivo: clasificar a los Juegos Olímpicos (ya estuvo en Tokio 2020 y París 2024). El camino no será sencillo, principalmente porque Argentina deberá pelear mano a mano con Brasil por el boleto sudamericano. Aun así, la ilusión sigue intacta.
Pero en medio de toda esa exigencia, Matías también empieza a escuchar otras señales. Después de ocho años prácticamente sin descanso entre clubes y Selección, reconoce que alguna vez podría necesitar parar. “Llega un momento en el que la cabeza te pide frenar. Hay otro mundo afuera del vóley y también está bueno vivirlo. Durante muchos años sentí que todo pasaba muy rápido”, admite. No habla de retiro ni mucho menos, pero sí de tomarse el tiempo para vivir otras cosas que durante mucho tiempo quedaron en pausa.
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Y casi sobre el final de la charla aparece UPCN Vóley. El jugador surgido de Obras, identificado históricamente con el club de sus orígenes, ya no descarta vestir algún día la camiseta de de Gremial. “Cuando era más chico decía que no. Pero hoy lo veo distinto. Esto es lo que amo y jugar en mi provincia, en un club que ha ganado tanto, obvio que lo pensaría. Si se puede, se daría. No hay nada como jugar en casa y estar con la familia cerca.", reconoce entre risas. Hoy lo piensa distinto. Jugar en San Juan, estar cerca de la familia y recuperar cierta estabilidad emocional son cosas que empezaron a tener otro peso en su cabeza.
La entrevista termina y él camina hacia su casa, donde esperan sus padres. Otro vecino pasa y lo saluda. Él responde con una sonrisa, mientras disfruta esos pequeños momentos que durante gran parte del año le faltan. En pocos días volverá a subirse a un avión y la rutina frenética arrancará otra vez. Pero por ahora, aunque sea por un rato, Mati vuelve a sentirse simplemente en casa.