Un sistema frontal dejó acumulaciones de nieve en sectores de alta montaña de la Región de Coquimbo. El fenómeno es seguido de cerca por especialistas debido a su influencia en las reservas hídricas y en el comportamiento de la temporada invernal.
Las primeras acumulaciones importantes de nieve de la temporada ya se registran en la cordillera chilena frente a San Juan. Un sistema frontal que afectó a la Región de Coquimbo durante los últimos días dejó un manto blanco en distintos sectores de alta montaña y volvió a poner el foco sobre las perspectivas hídricas para el invierno.
Las nevadas se concentraron principalmente en La Laguna, en la cuenca del río Elqui, donde se reportaron acumulaciones cercanas a los 17 centímetros de nieve. Las imágenes difundidas desde la zona mostraron caminos, cerros y quebradas completamente cubiertos de blanco tras el paso del temporal.
El fenómeno se produjo en el marco de un sistema frontal que también obligó a las autoridades chilenas a emitir alertas preventivas por fuertes vientos en sectores cordilleranos de la Región de Coquimbo. En algunos puntos de montaña, las ráfagas podían alcanzar hasta los 80 kilómetros por hora.
Más allá de la postal invernal, la llegada de la nieve es observada con atención por su impacto sobre las reservas de agua de la cordillera. La acumulación nívea constituye una de las principales fuentes de aporte para las cuencas andinas durante la época de deshielo.
Si bien todavía es temprano para realizar estimaciones sobre el comportamiento de toda la temporada, las primeras nevadas suelen ser tomadas como una referencia sobre la evolución del invierno en la alta montaña. Por eso, especialistas y organismos vinculados a los recursos hídricos mantienen un seguimiento permanente de cada evento meteorológico que afecta la cordillera.
El temporal ocurrió además pocos días después del cierre estacional del Paso Internacional de Agua Negra, una medida que se adopta habitualmente cuando comienzan a instalarse las condiciones invernales en la zona fronteriza.
Ahora, la atención estará puesta en los próximos sistemas frontales previstos para junio y julio, meses que históricamente concentran buena parte de las precipitaciones níveas en la cordillera y que resultan determinantes para las reservas de agua del año siguiente.