Las Tumanas: el paraíso vallisto que se esconde a la vera de la Ruta 510

Son 60 kilómetros de río de aguas cálidas y tranquilas. Está rodeado de increíbles formaciones rocosas, cactus y símbolos pictográficos. Un recorrido por una de las grandes maravillas (infravaloradas) que regala San Juan.
Lunes, 14 de marzo de 2022 a las 09:41
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A casi 220 kilómetros de la Ciudad se esconde un paraíso sanjuanino que no todos conocen: el río Las Tumanas. Una corriente de de aguas cálidas y tranquilas que nace en Sierra de Elizondos, el pueblito de Valle Fértil que está más alejado de todo, y que regala un paisaje indescriptible, con increíbles formaciones rocosas, cactus y mensajes pictográficos. Tiempo de San Juan visitó una de las "vedettes" del verano y te lo muestra como nunca antes. 

Son casi tres horas de un viaje que lo vale. Para llegar a Las Tumanas hay que hacer el mismo recorrido que para dirigirse al centro de San Agustín: por ruta 510. La pequeña localidad, de apenas 40 habitantes según el último Censo, se encuentra pocos kilómetros después de Astica. El río, su gran atractivo, atraviesa el último puente inaugurado en 2018 tras las intensas crecidas que condicionaban prácticamente el día a día de muchos trabajadores vallistos. 

En enero, febrero y junio es cuando más llueve en el río Las Tumanas, y son los mejores meses para visitarlo.

Para disfrutarlo hay que caminarlo. Hay una calle asfaltada paralela a la ruta que va directo al río (son menos de 100 metros). Pero para recorrerlo en profundidad hay que dirigirse por huellas y pequeños pasadillos formados por una vegetación única. Caminados los primeros 200 metros, hay que atravesar inmensas rocas que, con compañía, se hace más fácil (para recorrerlo en profundidad hay que hacerlo con un guía). 

Según los habitantes del lugar, son aproximadamente 60 kilómetros de río y su inicio yace en las Sierras de Elizondo, donde sus 80 habitantes lo utilizan para consumo, ganadería y distracción también. En el medio, cascadas y lagunas que hacen de Las Tumanas una de las grandes maravillas que ofrece San Juan. Además, porque se trata de aguas cálidas, permite que sea visitado por decenas de turistas de todo el país (para quienes viven ahí, se ha convertido en una piscina natural en los fines de semana). 

"Nos hicimos fans de San Juan por Las Tumanas. Es un lugar espectacular, más cuando hay agua, que es una locura. Yo me jubilo y me vengo a vivir acá", expresó un turista de San Miguel de Buenos Aires, de apellido Oliver, con el que se topó Tiempo de San Juan en su escapada al río vallisto. 

El lugar no ha sido explotado turísticamente, por ahora. Miguel Recabarren es el hombre que buscará convertir a Las Tumanas en un verdadero atractivo turístico. Mediante un permiso municipal, ya habilitó otro ingreso al río: es a través de unas de las viejas estancias que hay en la localidad. Allí, ya le instaló dos baños químicos y empezó a construir una proveeduría.  

"El lugar es público, pero queremos ofrecerle a los visitantes los servicios que faltan, por ejemplo baños y estacionamiento. Creemos que el próximo año este lugar va a explotar como lo merece", señaló Recabarren. 

Un poco de historia

El río de Las Tumanas esconde otra una rica historia, según comentó el escritor Lidio Deciderio Atencio en un artículo. Cientos de años atrás, entre los primitivos asentamientos de aborígenes en la zona de Valle Fértil -de allí los símbolos pictográficos-, el más importante y laborioso fue el que permaneció por muchos años a la orilla de Las Tumanas, que en aquel entonces se llamaba Tumanaguil (lavadero de oro).

Tiempo después, a principios del VXIII, Las Tumanas fue el lugar elegido por los Jesuitas para establecer allí su definitivo asentamiento y desarrollar su admirable y basta tarea evangelizadora y civilizadora. Con ellos, comienza en el lugar una intensa actividad agrícola-ganadera, con grandes extensiones sembradas de trigo, maíz y una variedad de verduras y frutas. Esta importante producción en gran escala fue el estímulo para construir un molino harinero, contando con la abundante agua del río, como fuerza motriz, añadió Deciderio Atencio.