Entre bates, cerveza y pantallas gigantes: la experiencia yanqui que vivió Tiempo de San Juan antes de ver a la Scaloneta

En la previa del cruce con Austria, y a metros del AT&T Stadium que recibirá a la Selección en sus últimos partidos de la fase de grupos, una visita al hogar de los Texas Rangers permitió descubrir por qué el béisbol es una religión en Texas. Un show multitudinario, difícil de imaginar para un sanjuanino.

Domingo, 21 de junio de 2026 a las 10:02

Mientras la cuenta regresiva para ver a la Selección Argentina en la localidad de Arlington seguía corriendo, Tiempo de San Juan se metió de lleno en otra pasión de estas tierras. A pocos metros del imponente AT&T Stadium, escenario que albergará a la Scaloneta en sus dos últimos compromisos de la fase de grupos, apareció otro gigante: el Globe Life Field, la casa de los Texas Rangers.

Allí, en un ambiente completamente distinto al del fútbol, se jugó el partido entre los Rangers y los San Diego Padres. Y más que un encuentro deportivo, fue una verdadera experiencia de entretenimiento. Familias enteras, grupos de amigos, camisetas por todos lados, música, pantallas gigantes y una ceremonia permanente que convierte cada pausa del juego en un verdadero show.

Para un argentino y, mucho más, para un sanjuanino, el contraste es inevitable. El béisbol prácticamente no existe en la provincia y en el país ocupa un lugar lejano entre las disciplinas más conocidas. Sin embargo, en Texas mueve multitudes. Los Rangers son una institución y su estadio, inaugurado en 2020, es una muestra del poderío deportivo estadounidense.

El recinto es gigantesco. Tiene capacidad para más de 40 mil personas, techo retráctil, aire acondicionado y tres enormes pantallas LED. Los pasillos están repletos de puestos de comidas y bares. La gente come, toma cerveza y conversa mientras el partido continúa.

Las entradas también ofrecen opciones para todos los bolsillos. Se consiguen tickets desde 10 o 12 dólares en las bandejas más altas, mientras que las ubicaciones pegadas al campo pueden superar ampliamente los 100 dólares. Hay quienes pasan toda la tarde disfrutando del show sin perder detalle del juego y otros que van y vienen entre los bares y las tribunas. Los partidos pueden durar hasta tres horas.

Las pantallas se encargan de mantener el clima festivo. Juegos con los hinchas, música, concursos y hasta canciones tradicionales forman parte de una liturgia que los estadounidenses abrazan desde chicos.