Las PASO de este 12 de septiembre quedarán en la historia como las primeras en hacerse bajo pandemia y con estricto protocolo a lo largo y ancho de 1.728 mesas distribuidas en 272 escuelas en San Juan. Esto es un relato en primera persona, dejando el registro de cómo se dio esta atípica votación minuto a minuto.
Votar en pandemia, en primera persona: 15 minutos, termómetro y mucha policía
Lo primero que impresiona al llegar a la escuela es la cola de votantes. Mucha gente, alrededor del mediodía, se acercó a su lugar de votación aprovechando que amainó el Zonda que a la madrugada volaba los techos. A esa hora, con un calor infernal, algunos optaron por las gorritas y la botella de agua en mano, ya que a diferencia de otras elecciones, no se podía elegir mucho dónde estar parado.
El reloj marca las 11.55 y mirando hacia adelante hay una cola de unos 150 metros, cuadra y media, con hombres y mujeres por igual en este colegio, que se llama Froilán Ferrero y queda a pocas cuadras de la plaza central de Villa Aberastain. Atrás, un matrimonio llegó con sus dos niños chicos, que se portan muy bien, y ella da cuenta de que aunque pidieron las autoridades que la gente no vaya acompañada, no tenían dónde dejarlos. Más adelante, una chica con muletas y yeso se desplaza hacia la puerta: la dejan entrar al instante.
Hay unas señoras enojadas más adelante, por la fila, por el calor, pero esperan igual y un poco se calman cuando la cola empieza a marchar a buen ritmo. Es que adentro solo ingresan de a 10 por mesa, y hay solo 8 mesas en todo el establecimiento. En la provincia esta restricción sumó 71 escuelas a la votación con lo que a muchos, como yo, les cambiaron el lugar de votación.
Miro el reloj, pasaron 5 minutos y ya avancé unos 50 metros. Calculo que en unos 10 minutos llego a la puerta. A los adultos mayores también los dejan entrar directo, con prioridad, y otros consiguen entrar de a dos cuando el votante necesita ayuda para desplazarse.
Veo remises trasladando gente, llevan unos carteles y esperan al votante que llevan hasta que sale. Ya en medio del camino a la puerta del establecimiento se aprecia un controlado ingreso, un par de motos policiales, más un móvil y una uniformada que pasa por el costado ordenando la fila, dando indicaciones y sacando dudas a algunos desorientados. El trato es amable.
Ya quedan pocos metros para la puerta. Han pasado 11 minutos y mirando hacia atrás. se pierde de vista el final de la fila, de tan larga que es. Uno conversa cerca con otro que hay personas que se fueron cuando vieron tanta cola, pero no se dieron cuenta de que la espera no es grande.
El reloj marca 15 minutos desde la llegada. Ya estoy en el ingreso. Dos policías custodian la entrada. Mientras sale gente, ellos hacen pasar otra. Toman la temperatura y al pasar, se nota que el operativo realmente vació la escuela, son pocas las personas en el patio, filas de no más de 5. En mi mesa, dos personas adelante y a la sombra de un árbol anticipan que votar será rápido.
Todos obviamente con barbijo, cuando me toca el turno, las autoridades me hacen poner el DNI en la mesa, y sin tocarlo cantan el número de orden y el apellido. Me dan el sobre y me piden que no cierre del todo la puerta, que deje un aire. En el cuarto oscuro hay apenas 5 boletas en estas elecciones y una sola interna. No demora mucho el elegir. Cierro el sobre sin pegarlo, con la solapa para dentro, queda seguro.
Al salir les digo que firmo con mi lapicera. No la encuentro en la cartera y la presidenta de mesa me informa que hay una disponible, que está desinfectada con alcohol. La uso y me hacen retirar el DNI de la mesa, siguen sin tocarlo.
Me voy cuando han pasado unos 25 minutos desde que ingresé a la fila, con la anécdota de las primeras elecciones con pandemia para contarle a los nietos en un futuro, esperemos, sin pandemia y con la misma democracia.