El rol del portero de edificio se ha vuelto vital en tiempos de coronavirus. Ahora no solo trabajan con un estricto protocolo de seguridad (en cuanto a limpieza y atención), sino que también en muchos casos se han convertido en los "guardianes" de la cuarentena. Como así también en una ayuda indispensable para los adultos mayores que viven solos y tienen que satisfacer sus propias necesidades de abastecimiento.
Porteros sanjuaninos: los "guardianes" de la cuarentena y el soporte de los ancianos
Desde el sindicato que agrupa a los trabajadores de edificio (SUTERH) se elaboró un protocolo junto con las autoridades sanitarias para poder trabajar en los sitios donde conviven varias personas. El mismo define que los porteros tienen la responsabilidad de evitar la circulación de los vecinos en espacios comunes, y a tal efecto recomiendan el cierre preventivo de áreas que no son esenciales para el funcionamiento del edificio y la vida de los vecinos, como salones, piletas, salas de reuniones, gimnasios, patios y salas de juego para los chicos y centros de trabajo (en el caso de los edificios lujosos). Pero son los casos menores, porque la mayoría de los edificios no tienen este tipo de lugares y de hecho son más reducidos en espacios donde conviven familias numerosas.
"Están restringidas todas las visitas y reuniones en departamentos y se prohíbe el ingreso a quienes no vivan en el lugar. Sin importar que sea familiar o lo que sea" sostuvo José Arrieta de un edificio de calle Libertador. El mismo afirmó que "tuvo varios encontronazos con personas que querían salir a correr o meter gente que no es de acá, yo en mi caso tengo registrado cuantas personas viven en cada edificio para que no me quieran meter gato por liebre", afirmó.
De acuerdo al protocolo establecido a nivel nacional, los consorcios, tienen que enviar las expensas y otras notificaciones vía mail o de forma virtual, a fin de evitar el papel; como así también reforzar la limpieza de espacios comunes y mobiliario de uso intensivo como ascensores, interruptores de luz, porteros eléctricos, barandas, picaportes y cerraduras comunes. "Esto ha sido un poco problema porque muchos de nosotros ya somos mayores y no estamos adaptados a mandar mail, por suerte se hacen cargo desde la gerencia, pero también ha sido un problema para las personas que viven solas y son mayores que en varios casos no tienen internet o no lo saben usar", dijo Roberto Díaz (48) que trabaja como portero desde muy joven.
El protocolo además establece que la limpieza de pisos y espacios comunes deberá hacerse con una solución de agua y lavandina dos veces al día; mientras que para mobiliarios y otras superficies de contacto recomiendan también utilizar soluciones desinfectantes.
Muchos porteros sanjuaninos afirmaron que ahora entran al trabajo más temprano que antes para poder cumplir con el requisito arriba señalado sin mantener contacto con los inquilinos, y en otros casos se han vuelto indispensables para varias personas que dependen de la acción desinteresada de estos trabajadores para poder realizar las compras, por lo que muchos incluso trabajan más horas que exceden a su rutina habitual.
“Estar encerrados en un edificio no es lo mismo que una casa donde tenés otro tipo de esparcimiento, aquí el encierro se vive con otra intensidad, además en general hay muchas personas mayores que viven solas y es mucho más difícil para ellos, porque no solo tienen el problema de estar solos sino que por ahí tienen que ir a comprar con las colas que se arman por acá, por eso le damos una mano”, sostuvo Jorge que trabaja como portero de un conocido edificio de la galería Estornell hace más de 15 años.
Finalmente muchos de los porteros consultados reconocieron que la mayoría de los inquilinos se adaptaron a la situación y respetan la cuarentena, "pero hemos tenido que avisar a la policía o amenazar con que los llamábamos sino nos hacían caso", dijo Alberto Poblete que trabaja en un edificio de calle Córdoba.