Un ex periodista de Tiempo cubrió la visita de Obama para radio Mundo

Fabio Cavaliere fue acreditado como cronista de la emisoria para las dos conferencias del presidente Estadounidense. Conocé su experiencia durante la cobertura del evento histórico.
Jueves, 24 de marzo de 2016 a las 20:43
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El sanjuanino y ex periodista de Tiempo de San Juan antes de radicarse en Buenos Aires, Fabio Cavaliere, fue uno de los pocos profesionales acreditados para participar de las conferencias que dio Barak Obama en Buenos Aires. Estuvo presente en la Casa Rosada el pasado miércoles y este jueves en el Parque de la Memoria, conocé cómo fue su experiencia durante la cobertura del evento. 




El Día de la Bestia 




Negro, poderoso, robusto, le dicen El Uno y llama la atención por donde pase. No hablo del Cadillac One, el cuasi tanque de guerra disfrazado de limusina diplomática y apodado "La Bestia”. Sino del hombre que ayer, 23 de marzo, causó una verdadera revolución en su histórica visita a Buenos Aires.




Barack Obama, el presidente de EEUU que visitó oficialmente el país luego de 19 años, tiene ese magnetismo que destilan los hombres más poderosos del mundo y de entorno blindado. 




Cuando Radio El Mundo me comunicó que iba a ser el único periodista acreditado del medio para cubrir este acontecimiento significativo, no sabía si ponerme orgulloso por la confianza depositada en mí, o empezar a idear algún plan para poder llegar lo más cerca posible del que llaman "el hombre más poderoso de la Tierra”. 




De más está decir que en mi carrera de periodista, jamás imaginé estar presente en un hecho de esta índole. Menos aún, que mi primera acreditación al palacio de la Casa Rosada iba a ser ante un evento de esta magnitud. Lo mío pasaba por pretender asistir a eventos de otras características menos solemnes e informales. Pero en esa personalidad de "boy scout” que tenemos los "soldados de la prensa”, uno siempre debe entrenarse al ritmo en el que se generan los sucesos.  




Así pues, una vez en la Casa de Gobierno, no fui el único que quería lograr "algo” del mandatario estadounidense. Entre los casi 50 periodistas acreditados (sin contar fotógrafos y camarógrafos) se libró una "batalla”, cuando el personal de Prensa de Presidencia nos avisó que solo habría dos preguntas para los medios "locales”.




Finalmente, y sorteo de por medio, dos de nuestros "representantes” harían las preguntas que consensuamos entre todos. Y así, fuimos al Salón Blanco de Casa Rosada, que a esa altura tenía más personal de Inteligencia y Seguridad que cualquier película de la saga Misión Imposible. 




Tuve oportunidad de sentarme en la tercera fila de funcionarios, en esa hilera yo era el único periodista, el resto estaba a mis espaldas. Ahí me encontraba cuando llegó "el momento”, Obama ingresó y los celulares y cámaras de periodistas, funcionarios y personal de Presidencia se levantaron al unísono como copas para brindar. Nadie quería perder ese instante, ese retrato, más si se tiene en cuenta que el último databa de hace casi ya dos décadas.  




El también (polémico) Premio Nobel de la Paz, se mostró descontracturado, logró romper el hielo en ese recinto fortificado, fue el que causó los momentos de risa e intentó el juego de seducción con los argentinos. También, lo vi como un hábil declarante al momento de afrontar las únicas cuatro preguntas (dos por los medios americanos). 
Mi periplo siguió por la Catedral Metropolitana, siempre detrás de Obama, y luego por la Usina del Arte, donde puedo jurar que si aparecía Jack Bauer delante de nosotros ya no me sorprendería. Era tal el cerrojo de seguridad que hubo colegas que fueron obligados a dejar sus lapiceras en la puerta. 




La vuelta al microcentro fue otra odisea de transporte en una ciudad prácticamente sitiada.  La larga jornada laboral terminaba en el Centro Cultural Kirchner para cubrir su asistencia a la cena de gala. El final llegó cuando a lo lejos se divisó la figura de esa bestia negra que avanzaba flanqueado por motos y helicópteros en el aire.
Se terminaba el día en que estuve a escasos metros del hombre que puede decidir la suerte de gran parte del mundo o simplemente pedir que le cumplan un viejo anhelo, como cebarle un mate.