Un ambicioso proyecto de agroviveros para rescatar frutales autóctonos de Iglesia

Por una iniciativa escolar comenzarán a recuperar árboles de duraznos y manzanas antes que terminen de desaparecer. Serán implantados en un monte frutal de la agrotécnica iglesiana. A la par buscan fondos para comprar los “pies” necesarios para su pronto injerto.

Viernes, 24 de julio de 2026 a las 20:33

Dos alumnos de séptimo año de la Escuela Agrotécnica  Cornelio Saavedra se disponen a terminar este ciclo con una propuesta que quedará para siempre en el departamento de Iglesia. Lucas Parada y Facundo Poblete, acompañados por la profe de Organización y Gestión Celina Godoy, diseñaron un proyecto para recuperar variedades tradicionales iglesianas como la manzana deliciosa, el durazno chato,  y los higos de la zona que han ido desapareciendo a través del tiempo. Estos serán implantados en un bosque frutal de la escuela la  temporada que se avecina para crear un banco genético de estas especies.

El obstáculo que deben sortear son los fondos necesarios para comprar los pies o portainjertos, por lo que pedirán ayuda al municipio o empresas interesadas, incluso venderán productos de carneo que ellos mismos harán lograr el objetivo. Tampoco descartan tomar un préstamo que devolverían con los resultados obtenidos. Es que la temporada de poda e injerto se aproxima y los jóvenes investigadores se encuentran en una carrera contra el tiempo para conseguir el financiamiento necesario y poner en marcha la fase práctica de este rescate cultural y productivo.

Todo surgió cuando los estudiantes observaron que el departamento norteño cuenta con muchos frutales añejos y especies que están desapareciendo, como el durazno chato (también conocido como paraguayo o chino), y las manzanas deliciosas de la zona de Tudcum. “En esto han influido diferentes factores como el desinterés de las nuevas generaciones por el cuidado de las quintas, como así también los cambios que han llevado a que árboles muy viejos dejen de producir, poniendo en riesgo la continuidad de estas variedades”, dice la profesora.

Por ese motivo es que tanto Lucas como Facundo proponen rescatar varas de estos árboles antiguos para injertarlas en pies nuevos, asegurando que la genética autóctona no se pierda. Si bien allí hay un par de viveros ninguno cuenta con éstas especies que en algún momento fueron destacadas por sus particulares características.

Más allá de la preservación, el proyecto es más ambicioso porque también apunta a la producción orgánica, tal como lo demanda el consumo actual. “Queremos lograr frutas libres de la carga química de los circuitos comerciales tradicionales”, dicen los estudiantes.

La idea principal es establecer un nuevo monte frutal en la escuela que sirva como reservorio genético para futuros emprendedores, por lo que el proyecto supera el egreso de los estudiantes ya que continuará en vigencia los próximos años.

La comunidad también ha mostrado un apoyo contundente. “Tanto que productores de Bella Vista y Tudcum han puesto sus fincas a disposición para que los jóvenes extraigan las varas necesarias Incluso, familias locales con plantas antiguas han solicitado comprar los nuevos ejemplares para renovar sus frutales sin perder la especie que han cultivado por generaciones”, dice Celina quien destaca la colaboración permanente de la ingeniera Georgina Lemole del INTA Iglesia.

Desafíos y Viabilidad

A pesar del entusiasmo y un estudio de mercado favorable que confirma la demanda local, el proyecto enfrenta un obstáculo económico inmediato: la adquisición de los "pies" o portainjertos. Actualmente, cada pie tiene un costo de entre 15.000 y 20.000 pesos, y el proyecto requiere una base inicial de 30 para comenzar el rescate de varias especies.

Los chicos destacan que no se trata de una iniciativa aislada, “sino de un plan con continuidad por muchos años que apunta a la reforestación del departamento. Es un proyecto súper viable", aseguran, señalando que el mercado local está ansioso por adquirir estos frutales para sus hogares, según ellos mismos corroboraron al momento de realizar la factibilidad real.

La repercusión de la iniciativa ha sido tal que otros centros educativos se han sentido motivados a iniciar proyectos similares. Además, la difusión del trabajo escolar ha generado un puente entre la institución y los productores, quienes ahora consultan a la escuela sobre diversas técnicas agrícolas.