Tedeum del 9 de Julio: monseñor Lozano convocó a “reparar el tejido social” y superar la fragmentación

En una emotiva celebración por el 210° aniversario de la Independencia, el Arzobispo de San Juan de Cuyo recurrió a la "parábola del poncho" para pedir diálogo y reconciliación. Además, destacó el legado de los próceres cuyanos Laprida y Fray Justo Santa María de Oro frente a los desafíos globales del 2026.

Jueves, 09 de julio de 2026 a las 11:48

En el marco del solemne Tedeum celebrado este 9 de julio en honor a la Patria, el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Eduardo Lozano, brindó una profunda predicación en la que convocó a toda la comunidad a trabajar activamente contra la fragmentación social y a comprometerse con el cuidado de los más vulnerables. Ante las autoridades presentes y los fieles sanjuaninos, el prelado instó a deponer las polarizaciones y buscar puntos de encuentro en un contexto mundial complejo. 

La "parábola del poncho" y la fuerza del entramado

Para ilustrar el presente del país, Mons. Lozano comenzó compartiendo una vivencia personal: un poncho tejido a mano que le regalaron hace unos años en la provincia. "Cada hilo por separado no abriga ni sostiene. La fortaleza está en el entramado", reflexionó, citando además una conocida frase del Papa Francisco: "El todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas". 

Haciendo un paralelismo entre el trabajo artesanal y la realidad nacional, el arzobispo advirtió que el presente desafía a la sociedad a "no acostumbrarse a la fragmentación, que inevitablemente debilita el entramado de nuestras instituciones". En este sentido, llamó a los ciudadanos a convertirse en "trabajadores que entrelazan un tejido social que a veces parece deshilacharse", combinando paciencia y creatividad para construir una patria más fraterna. 

"La verdadera independencia se consolida cuando somos capaces de desarmar los espíritus de la polarización para fomentar el diálogo y la reconciliación, para escucharnos sin prejuicios y así comprender que nadie se salva solo", enfatizó el prelado, sumando el pedido del Papa León XIV de “desarmar las palabras”. 

El legado imperecedero de los próceres cuyanos

Durante su alocución, Lozano recordó que la gesta independentista de 1816 no es un eco lejano, sino una herencia que "late de manera particular en las entrañas mismas de nuestra tierra cuyana". Destacó con orgullo las figuras de dos sanjuaninos clave en el Congreso de Tucumán: Francisco Narciso de Laprida, quien presidió las sesiones el día de la declaración de la Independencia, y Fray Justo Santa María de Oro. 

Del fraile dominico y primer obispo de la diócesis, ponderó su firmeza para defender la forma republicana de gobierno frente a los intentos de importar soluciones monárquicas extranjeras. "Él sabía que la libertad de la Patria debía nacer de la identidad, el consenso y el alma de su propia gente", remarcó. 

Respuestas nuevas para un "cambio de época"

Al analizar el escenario internacional de este año 2026, el arzobispo señaló que la humanidad atraviesa una profunda encrucijada histórica y un verdadero "cambio de época" marcado por la disolución de viejas certezas, crisis económicas, transformaciones tecnológicas y guerras en grandes regiones de la tierra que parecen imparables. 

Para hacer frente al miedo y al aislamiento, Lozano citó la reciente encíclica del Papa León XIV, que exhorta a los creyentes y personas de buena voluntad a "no temer ensuciarse las manos en la obra de nuestro tiempo" para poner al ser humano en el centro de las decisiones. "La grandeza de una Nación se mide por el amor y el cuidado que brinda a los más frágiles y vulnerables", sentenció el arzobispo, recordando las enseñanzas de Jesús sobre los descartados. 

Sal y luz para la realidad actual

Hacia el final de su mensaje, basándose en los textos evangélicos, llamó a la comunidad a no ser "espectadores pasivos" ni a encerrarse en lamentos por el pasado. "Jesús nos llama a ser sal que da sabor y preserva de la corrupción de los valores, y luz para iluminar el camino de los que andan a oscuras, cansados por la pobreza, el desánimo o la falta de oportunidades", expresó. 

Mons. Lozano concluyó su homilía pidiendo que este 210° aniversario sea la oportunidad de renovar el "pacto fraterno". Extendió un pedido especial a quienes tienen responsabilidades públicas para que ejerzan sus funciones buscando el bien común por encima de intereses sectoriales, y a los ciudadanos a construir la Patria desde la honestidad cotidiana. 

Poniendo bajo la protección de San Juan Bautista y Nuestra Señora de Luján el nuevo tiempo histórico, el arzobispo cerró con una bendición para la provincia y para toda la República Argentina.