Óscar Biondolillo, tres décadas forjando el alma de vinos sanjuaninos

Defiende San Juan a puro corazón, y valora todos sus valles vitivinícolas, con especial énfasis en el Valle de Tulúm, que es de donde salen la mayoría de los vinos locales. Protagonizó propuestas que dieron y siguen dando que hablar.

Sabado, 11 de julio de 2026 a las 10:30

 Llegó a San Juan casi por casualidad para trabajar “un tiempo”, y volver a Mendoza, su provincia natal, pero terminó quedándose 30 años. Es que Oscar Biondolillo, enólogo de profesión, se arraigó junto a su esposa Marisol Salvador, cuando acá empezaba la etapa de “nuevos vinos” resultantes de lo que se conoció como reconversión vitivinícola. Tuvo dos hijos sanjuaninos –Agustina y Matías-, fue creador de “fenómenos” que impactaron a nivel nacional y fundó su propio emprendimiento vitivinícola –Aguma- que sigue creciendo acorde a la demanda del consumidor.

Por aquel entonces, cuando una bodega o cualquier otra empresa necesitaba servicios profesionales ponía un aviso en el diario (papel). Nada de redes ni tecnología para vincularse. Allí indicaba los requisitos y en muchos casos no se conocía ni siquiera el remitente –salvo su actividad-. Una publicación de este tipo es la que encontró Biondolillo en un diario mendocino cuando tenía 29 años. “Había que mandar el currículum en letra manuscrita a un poste restante, y yo tenía  una letra desastrosa, tanto que cada vez que lo había mandado así no me llamaban, pero esta vez me citaron. No tenía idea que bodega era, yo sólo conocía de San Juan a Nesman y Bórbore. Cuando me enteré que era Graffigna desconocía la magnitud que tenía”, dice Oscar.

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Trabajó durante 7 años en la bodega centenaria, donde le tocó gestionar la transición de la empresa a través de tres grupos propietarios distintos. Allí prácticamente gestó sus inicios, para pasar en 2003 a integrar las filas de Callía, del grupo Salentein, donde fue el protagonista de lo que se conoció como el "Fenómeno Callia". Es que bajo su dirección técnica, la marca experimentó una explosión comercial basada en una excepcional relación precio-calidad de sus vinos, con una impronta tan marcada que, tras su salida, los consumidores notaron el cambio en el perfil de los vinos de la bodega.

Sí, el fenómeno Callia fue realmente un caso de estudio porque hasta nosotros nos sorprendíamos por la demanda que teníamos. Superaba todo y se lo consideró caso de estudio. Pero también hay que decir que la bodega continuó haciendo vinos de muy buena calidad, excelentes”, aclara.

Casi a la par empezó a gestar Aguma Casa Vinícola, de forma muy modesta, junto a su esposa Marisol, quien es ingeniera química. La primera locación fue un galpón de 10 x 10 en Pocito con unos pocos tanques pequeños y en equipamiento básico. “Recibí la ayuda de mucha gente, nunca me olvido que Don Juancito Graffigna me prestó una prensa, que hubo viñateros que me regalaron medio viaje de uva para empezar y así por el estilo. Estaré siempre agradecido porque cuando uno empieza siempre necesita una mano”, recuerda con cariño.

La marca elegida –Aguma-, a pesar de la sonoridad que se asemeja a un lenguaje autóctono, es la unión de los nombres de sus hijos - Agustina y Matías-. Una decisión acertada teniendo en cuenta que logró posicionarse rápidamente. Una vez más, Oscar y su familia eran responsables de otro fenómeno.

Luego de pasar por Pocito, alquilaron parte de la bodega La Guarda –sin actividad desde hace muchos años,  y luego la bodega Finisterra, hasta que finalmente compraron su propio establecimiento en Marquesado, donde se encuentran instalados desde hace unos 15 años.

Biondolillo se ha destacado por ser un precursor en el uso de tecnologías y enfoques comerciales modernos. Tal es el caso de la tapa rosca (Screw cap), y es un ferviente defensor de este sistema, al cual se aficionó tras ganar una licitación de 200.000 cajas para exportación que exigía este cierre. Además considera que, enológicamente, es una alternativa excelente para la evolución de los vinos

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Defensor del Valle de Tulum

Aunque reconoce el valor de zonas como Pedernal y Calingasta, defiende el potencial del Valle de Tulum para producir vinos masivos de alta calidad que sostienen el volumen de la industria. “Hay que reconocer a este valle sanjuanino porque da excelente calidad y es donde más se concentra la vitivinicultura”, agrega.

Otra de las claves fue apostar a una oferta diversa que incluye variedades menos comunes en San Juan como el Carménère, Cabernet Franc, Tannat y Sauvignon Blanc

Lo que se viene

Actualmente, su bodega maneja un portfolio de 16 productos bajo la marca Aguma, divididos en cuatro líneas (Varietal, Premium, Aguma Sweet y un espumoso). Eso sí, en un futuro cercano llegará al mercado una nueva marca tope de gama que llevará su apellido, "Biondolillo", comenzando con un Syrah de la zona de La Ciénaga (cosecha 2025) que ha sido criado en barricas y huevos de cemento.

También se encuentra trabajando en las marcas "Pantera Negra" y "Sin Bla Bla", esta última orientada a una comunicación más directa y menos técnica con el consumidor