Nueve mujeres sostienen una red solidaria que alimenta a 50 merenderos en San Juan

El Banco de Alimentos rescata productos que ya no pueden venderse y los distribuye entre organizaciones sociales. Detrás de la tarea hay un pequeño grupo de voluntarias que busca más manos para llegar a quienes más lo necesitan.

Lunes, 15 de junio de 2026 a las 18:54

Mientras gran parte de la provincia duerme, un llamado puede poner en marcha una cadena solidaria. Un supermercado avisa que tiene alimentos para donar, una empresa ofrece mercadería que no podrá comercializar y un grupo de mujeres organiza vehículos, espacio de almacenamiento y distribución. Así funciona el Banco de Alimentos de San Juan, una organización que hoy asiste a unos 50 merenderos y comedores de distintos puntos de la provincia gracias al trabajo sostenido de apenas nueve voluntarias.

La tarea consiste en rescatar alimentos aptos para el consumo que, por distintos motivos comerciales, ya no pueden venderse. Una vez recuperados, son clasificados y distribuidos entre organizaciones comunitarias que brindan asistencia alimentaria a cientos de familias sanjuaninas.

Aunque actualmente el Banco de Alimentos cuenta con personería jurídica propia, su historia comenzó varios años atrás. La iniciativa llegó a San Juan impulsada por Nazarena Mesquida y, en sus primeros pasos, funcionó bajo el paraguas del Banco de Alimentos de Santiago del Estero y con el apoyo del Rotary Club. La Municipalidad de la Capital cedió el espacio donde aún hoy funciona la organización, permitiendo que comenzara a desarrollar sus actividades.

Con el paso de los años, el grupo decidió avanzar hacia una estructura independiente. El trámite para obtener la personería jurídica demandó varios años de gestiones, pero finalmente permitió formalizar la asociación, abrir una cuenta bancaria y comenzar a recibir donaciones económicas para complementar la ayuda alimentaria.

Actualmente, gran parte de los productos recuperados provienen de cadenas de supermercados y empresas que forman parte de convenios nacionales gestionados por la Red Argentina de Bancos de Alimentos. A eso se suman algunos aportes de firmas locales y donantes particulares que colaboran con dinero para la compra de alimentos esenciales, especialmente leche.

Sin embargo, el crecimiento de la organización encuentra límites. Las nueve mujeres que integran el Banco de Alimentos trabajan de manera completamente voluntaria y deben organizarse para buscar mercadería, controlar entregas, administrar el depósito y supervisar a los merenderos beneficiarios.

Uno de los desafíos más importantes es justamente la fiscalización. Antes de incorporar una institución, el equipo verifica su funcionamiento y las necesidades reales del lugar. Además, realiza controles periódicos para garantizar que los alimentos lleguen efectivamente a quienes los necesitan.

La organización también enfrenta dificultades vinculadas al espacio físico. El depósito actual resulta insuficiente para almacenar grandes volúmenes de mercadería y limita la posibilidad de rescatar frutas y verduras frescas, que requieren un tratamiento especial y más personal para su clasificación.

Por eso, además de buscar nuevas empresas donantes, el Banco de Alimentos lanzó una convocatoria abierta para sumar voluntarios. La necesidad más urgente pasa por incorporar personas que puedan colaborar con la supervisión de merenderos y comedores en distintos departamentos de la provincia.

A pesar de las dificultades, las integrantes del Banco de Alimentos aseguran que la mayor recompensa sigue siendo la misma que encontraron cuando comenzaron: ver cómo cada alimento recuperado termina convirtiéndose en una ayuda concreta para quienes más lo necesitan.

Y mientras siguen organizando entregas, buscando donaciones y sumando voluntades, mantienen intacto un sueño: contar algún día con una sede propia y más amplia que les permita rescatar más alimentos y multiplicar el alcance de una red solidaria que, por ahora, sostienen apenas nueve mujeres.