Una jornada de invierno con sol. El auto listo para salir, el termo, el mate, algunas reposeras y unos sánguches preparados para el camino. No hace falta mucho más para regalarse un día diferente. A poco más de dos horas de la Ciudad de San Juan comienza uno de esos recorridos que invitan a bajar la velocidad, dejar el celular a un lado y simplemente mirar y charlar. La Ruta Escénica 150 propone exactamente eso: detenerse cada tanto, respirar profundo y contemplar la Cordillera en uno de sus escenarios más impactantes. En vacaciones de invierno, se convierte en una de las escapadas ideales para disfrutar en familia, con amigos o incluso en soledad.
Hay caminos que llevan de un lugar a otro. Y hay otros que transforman el viaje en el verdadero destino. La Ruta Nacional 150 pertenece a este último grupo. El tramo más famoso comienza en Huaco, en Jáchal, y se extiende durante unos 35 kilómetros que parecen diseñados para sorprender en cada curva. Sin embargo, toda la Ruta Escénica alcanza los 85 kilómetros hasta conectar con Valle Fértil, atravesando algunos de los paisajes más espectaculares que tiene San Juan.
La montaña cambia de color a medida que avanza el día. Los tonos ocres, rojizos, grises, amarillos y violetas aparecen uno detrás de otro como si alguien hubiera pintado cada cerro con una paleta distinta. La roca cambia de textura, las quebradas se vuelven más profundas y la inmensidad termina imponiendo un silencio que pocas veces se encuentra tan cerca de casa.
El tramo más impactante es también una verdadera obra de ingeniería. Durante 22 kilómetros, la ruta serpentea entre montañas, barrancos y precipicios. Allí aparecen seis túneles excavados en la roca y doce puentes que permiten atravesar ríos y quebradas sin alterar el paisaje natural. Dos de ellos fueron construidos con arcos para que, cuando las lluvias devuelven el agua a los cauces secos durante gran parte del año, el ecosistema continúe su curso sin obstáculos.
Pero más allá de la ingeniería, lo que queda en la memoria son las sensaciones. Cada túnel ofrece una pausa de oscuridad antes de volver a encontrarse con una nueva postal. Cada curva abre una perspectiva distinta. Y cada mirador parece estar ubicado exactamente en el lugar indicado para detener el motor, bajar del vehículo y quedarse unos minutos observando la inmensidad.
De hecho, uno de esos miradores, ubicado en la parte más alta del recorrido, permite comprender la magnitud de la obra y del paisaje al mismo tiempo. Desde allí se distinguen los puentes que parecen suspendidos entre las montañas, las quebradas que se abren paso entre los cerros y el sinuoso dibujo del camino perdiéndose en el horizonte.
La ruta también funciona como puerta de entrada a algunos de los grandes tesoros naturales de la provincia. Desde allí es posible continuar hacia el Parque Provincial Ischigualasto, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, además de conectar con el Parque Nacional San Guillermo y el Parque Nacional El Leoncito, convirtiendo al recorrido en una invitación permanente a seguir descubriendo San Juan.
Desde la Ciudad de San Juan, llegar hasta Huaco demanda alrededor de dos horas y veinte minutos por la Ruta Nacional 40. Es un viaje suficientemente corto como para hacerlo en el día, aunque el paisaje invita a quedarse mucho más tiempo.