Hay despedidas que pasan inadvertidas y otras que movilizan a un departamento entero. La de Alejandro Acosta pertenece a este último grupo. Durante los últimos días, el histórico docente y preceptor de Jáchal se convirtió en protagonista de una ola de mensajes, publicaciones y muestras de cariño tras concretar su jubilación. La emotiva despedida que le realizó la Escuela de Comercio Eusebio de Jesús Dojorti se viralizó rápidamente y dejó en evidencia el afecto que cosechó durante décadas de trabajo.
Sin embargo, detrás de las imágenes, los abrazos y las palabras de reconocimiento hay una historia mucho más extensa. Una vida dedicada a la educación que comenzó hace más de 30 años y que atravesó generaciones completas de estudiantes.
"Estoy desbordado, pero desbordado lindo. Desbordado desde el amor, desde el afecto y desde el cariño", resumió Acosta en diálogo con Tiempo de San Juan.
Una historia que empezó hace 32 años
Para contar su recorrido, Alejandro vuelve una y otra vez a 1994. Fue entonces cuando ingresó a trabajar en la Escuela Agroindustrial Monseñor Doctor Juan Antonio Videla Cuello, en la localidad jachallera de San Isidro. Lo hizo como maestro de enseñanzas prácticas en los talleres, en una etapa que recuerda con enorme gratitud.
La coincidencia que más lo emociona aparece justamente al mirar hacia atrás. Inició su carrera bajo la gestión de Julio Alberto Ruiz padre y terminó jubilándose con Julio Alberto Ruiz hijo al frente de la institución.
Para Acosta, aquellos primeros años también estuvieron marcados por el crecimiento educativo que experimentó el departamento. Recuerda especialmente el impulso que permitió la creación de nuevas instituciones y espacios de formación para jóvenes de distintas localidades.
Mientras aprendía a enseñar, también aprendía de un mundo que le resultaba completamente nuevo. "Yo venía de una escuela comercial y poco sabía de lo agroindustrial. Al lado de los técnicos fui aprendiendo todo. Hoy te reconozco un calendario de siembra o por qué los animales se crían bajo determinados pilares de la ganadería", recordó entre risas.
El regreso a la escuela donde había sido alumno
Diez años después de aquel ingreso, otra coincidencia marcaría su historia. Exactamente una década más tarde llegó a la Escuela de Comercio de Jáchal, pero esta vez como preceptor. La situación tenía un componente especial, ya que regresaba al mismo establecimiento donde había cursado sus estudios secundarios.
Allí compartió jornadas laborales con quienes habían sido sus propios docentes y preceptores. Personas que años antes lo habían acompañado, aconsejado e incluso sancionado cuando era estudiante.
"Imaginate lo que fue trabajar con la que había sido mi preceptora de quinto año o con docentes que estuvieron cuando yo era alumno", relató.
Lo que comenzó como una experiencia laboral terminó convirtiéndose en una segunda casa. Durante 22 años transitó los pasillos de la institución, acompañando a generaciones enteras de adolescentes que hoy son profesionales, trabajadores, padres y madres de familia.
Mucho más que tomar asistencia
Si hay algo que Alejandro quiere destacar al momento de hablar de su carrera es el trabajo de los preceptores. Considera que muchas veces se desconoce el verdadero alcance de esa función dentro de una escuela.
"No es solamente tomar asistencia o llevar registros. Es contener, acompañar, escuchar, mirar caras y darse cuenta cuando algo no anda bien", explicó.
A lo largo de los años aprendió a lidiar con situaciones de todo tipo. Desde accidentes y problemas familiares hasta ataques de ansiedad o crisis emocionales que requerían una intervención inmediata.
Para él, el preceptor suele convertirse en la primera persona que detecta que algo le está ocurriendo a un estudiante. "Somos la primera línea de combate dentro de las escuelas", definió. Y detrás de cada intervención, aclara, siempre hubo un equipo. Por eso insiste en compartir el reconocimiento con sus compañeros de trabajo, tanto de la Escuela de Comercio como de la Videla Cuello.
"No hubiese podido hacer nada solo. Siempre estuvieron los compañeros acompañando", aseguró.
Los chicos, la energía y las historias de todos los días
Cuando habla de educación, Alejandro no se detiene en los contenidos ni en los programas escolares. Habla de jóvenes que crecieron frente a él, alumnos que necesitaron una charla, chicos que atravesaban momentos difíciles y encuentros inesperados fuera de la escuela.
Recuerda, por ejemplo, una ocasión en la que llegó tarde a su trabajo porque se encontró con un estudiante que acababa de sufrir una caída en moto. Se quedó acompañándolo hasta que la situación estuvo controlada. Para él, ese tipo de gestos nunca formaron parte de una obligación extraordinaria. Eran simplemente una extensión natural de su tarea.
"Es maravilloso estar en contacto con los pibes. No te perdés de nada. Siempre estás actualizado", afirmó.
Una jubilación, pero no una despedida
Aunque dejó la actividad formal, Alejandro asegura que no piensa alejarse completamente de las instituciones que marcaron su vida. La Fiesta Departamental de la Industria, organizada históricamente por la Escuela Videla Cuello, seguirá siendo una cita obligada. Lo mismo ocurrirá con las tradicionales estampas de la Escuela de Comercio, uno de los eventos culturales más representativos de Jáchal. Después de tantos años, entiende que esos vínculos ya forman parte de su identidad.
"No son compromisos. Son responsabilidades que uno siente desde el cariño", explicó.
El cariño que no buscó, pero llegó
La repercusión que tuvo su jubilación lo tomó por sorpresa. De hecho, en un primer momento intentó evitar la exposición pública. Quería atravesar ese momento de manera íntima, acompañado por su familia y sus seres queridos. Pero la reacción de exalumnos, colegas y vecinos terminó desbordando cualquier previsión.
"Vos podés mandar en lo que querés hacer, pero no podés mandar en lo que la gente quiere expresar", le dijeron.
Y quizá ahí esté la explicación de todo lo que ocurrió. Después de 32 años en la Videla Cuello, 22 en la Escuela de Comercio y una vida entera vinculada a la educación, el reconocimiento llegó solo. No por una campaña ni por una búsqueda personal, sino que llegó a través de cientos de personas que, al enterarse de su jubilación, sintieron la necesidad de agradecer. Porque algunos docentes enseñan contenidos. Otros dejan recuerdos. Y en Jáchal, para muchos, Alejandro Acosta pertenece a ese segundo grupo.