Cuando el árbitro marcó el final del partido de este miércoles entre Argentina e Inglaterra, en la casa madrileña del sanjuanino Marcelo Salvo Azuri no hubo abrazos tranquilos. Hubo gritos, saltos, lágrimas y una escena que se repite cada vez que juega la Selección Argentina.
Marco se sienta a la derecha. Marcelo, en el medio. Milagros, a la izquierda. Nadie cambia de lugar porque la cábala ya demostró que funciona. Su esposa, en cambio, mira el partido desde otra habitación. Así fue en Qatar 2022 y así volvió a ser este miércoles, cuando Argentina consiguió el pasaje a una nueva final del Mundial.
"Lo vivimos con una pasión terrible. Cuando uno está tan lejos de Argentina, todo se magnifica. El sentimiento hacia nuestro país es impresionante", cuenta este sanjuanino que hace 25 años emigró a Madrid. Sin embargo, esta vez la historia tendrá un condimento especial. El domingo, la final enfrentará justamente a los dos países que marcaron su vida.
Argentina es la tierra donde nació. España, el lugar que le abrió las puertas, donde construyó su futuro, levantó un negocio, tuvo dos hijos y hoy disfruta de una nieta. "Si había una final que quería jugar era con España", reconoce. Y enseguida explica por qué.
"Estoy profundamente agradecido a este país. Me recibió hace 25 años, acá hice mi vida, hice amigos, tengo mi negocio, nacieron dos de mis hijos y también mi nieta. España me dio muchísimo", asegura.
El domingo, con los sentimientos encontrados
Por eso admite que los sentimientos estarán mezclados. Aunque solo hasta que empiece el partido.
Porque cuando ruede la pelota no habrá dudas. Sus cuatro hijos —Lourdes, Guadalupe, Marco y Milagros— empujarán para el mismo lado. Incluso los dos que nacieron en España. "Son más argentinos que nosotros", dice con orgullo.
La pasión por la Selección nunca disminuyó con la distancia. Al contrario. "Cuando vivís afuera, cada partido se vive de otra manera. Todo se siente más fuerte. Es como si la distancia hiciera crecer todavía más el amor por Argentina", dice.Después de la clasificación, las emociones volvieron a desbordar la casa.
Marcelo asegura que este Mundial está siendo incluso más intenso que el de Qatar. "Estamos sufriendo muchísimo. Venimos remontando partidos y eso hace que después la felicidad sea enorme", explica. Pero vivir el fútbol en Madrid también tiene sus particularidades.
Cuenta que existe un sector de hinchas españoles que mira con recelo a la Selección argentina. Y, según él, gran parte de esa resistencia tiene un nombre propio: Lionel Messi.
"Acá pasa algo muy especial. Muchos hinchas del Real Madrid todavía tienen una bronca enorme con Messi por todo lo que les hizo cuando jugaba en Barcelona. Les ganó ligas, clásicos, títulos... y eso quedó muy marcado", relata. Marcelo aclara que no es toda España.
"Los hinchas del Atlético de Madrid, por ejemplo, quieren muchísimo a Argentina. Hay muchísimos argentinos en ese club, empezando por el Cholo Simeone", agrega.
Pero reconoce que durante todo el Mundial escuchó comentarios que le dolieron. "Hay gente que repite que a Argentina la ayudan los árbitros. El otro día bajé del departamento y un vecino ni siquiera me saludó. Lo primero que me dijo fue: 'Cómo roban'. Ni buen día me dijo", recuerda.En el negocio también aparecen esas discusiones.
"Hay clientes que vienen y empiezan con que Argentina ganó por los árbitros. Pero también hay muchísimos otros que te felicitan y disfrutan del fútbol", añade.
Marcelo dice que aprendió a convivir con el folclore futbolero
Marcelo aprendió a convivir con esas diferencias. Después de un cuarto de siglo en España sabe que forman parte del folclore futbolero.
Pero también sabe que hay cosas imposibles de reemplazar.
"Acá tenemos muchas de las oportunidades por las que un día decidimos venir. Pero hay algo que nunca se puede suplir: la pasión argentina", advierte.
Mientras habla, las imágenes del Obelisco colmado vuelven a aparecer en la televisión.
Las mira con una mezcla de alegría y nostalgia.
"Eso somos nosotros. Esa forma de vivir el fútbol, de abrazarnos con desconocidos, de salir a la calle. Esa pasión se extraña muchísimo", reflexiona.
El domingo volverá a ocupar su lugar en el sillón. Marco a la derecha. Él en el medio. Milagros a la izquierda.
Su esposa, otra vez, seguirá el partido desde otra habitación.
Las cábalas no se negocian.
Y aunque esta vez enfrente esté el país que le permitió construir la mitad de su vida, Marcelo sabe que el corazón ya eligió hace mucho tiempo.
Porque España le dio un hogar, pero San Juan y la Argentina siguen siendo el lugar al que siempre vuelve.