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Cuando suenan las campanas: una travesía por 9 de las capillas más antiguas de Iglesia

El Circuito Religioso iglesiano fusiona en 12 estaciones espiritualidad, paisajes pre-cordilleranos y tesoros coloniales. Tiempo de San Juan visitó 9 de sus templos más emblemáticos, donde el adobe y las imágenes sagradas custodian la identidad de su pueblo.

Domingo, 12 de julio de 2026 a las 10:47
La Capilla de Achango es uno de los grandes atractivos del Circuito Religioso de Iglesia

Las vacaciones de invierno siempre abren el juego a la aventura, pero a veces el verdadero descubrimiento no está solo en la naturaleza sino en las historias que los pueblos resguardan entre sus paredes más antiguas. Para quienes buscan una alternativa que combine el descanso familiar, la introspección y un profundo viaje al pasado pre-cordillerano, Iglesia esconde un itinerario único: el Circuito Religioso.

Esta travesía cultural y espiritual consta de 12 estaciones que hilvanan la identidad iglesiana. Tiempo de San Juan recorrió 9 de estas emblemáticas capillas y parroquias, templos que no solo sostienen la fe de sus comunidades, sino que funcionan como verdaderos museos a cielo abierto, donde el adobe, la madera de algarrobo y las campanas centenarias relatan el nacimiento de nuestra provincia.

El punto de partida: Devoción y raíces coloniales

El viaje comienza con el misticismo que rodea a la Capilla de la Virgen del Valle, en El Llano. Este pequeño santuario es el reflejo de la fe vecinal más pura, un rincón de oración que da la bienvenida con la calidez típica de la zona.

Pocos kilómetros más adelante, el GPS de la fe traslada a Las Flores, donde se erige la fisonomía de la Virgen del Rosario. Este templo no es solo un hito arquitectónico en el norte sanjuanino; es el corazón de un pueblo que late al ritmo de sus fiestas patronales. Sus muros custodian relatos de arrieros y antiguos pobladores que cruzaban la cordillera bajo la estricta protección de su patrona.

El circuito gana peso histórico al llegar a la Inmaculada Concepción, en Villa Iglesia. Su estructura original desafía el paso del tiempo. Entrar allí es respirar el aroma a cera y madera antigua, un pasaje directo al San Juan del siglo XIX que invita a bajar un cambio y contemplar el silencio sanador del entorno.

Entre santos protectores y oasis de montaña

Siguiendo el mapa hacia el norte, la fisonomía del paisaje cambia y aparece Tudcum, tierra de leyendas y viento fresco. Allí, la capilla de San Roque se levanta como el refugio de los trabajadores de la tierra. La devoción al santo patrono de los enfermos y los animales está impregnada en cada rincón de este templo, donde los promesantes dejan sus agradecimientos en un altar siempre florido.

En Rodeo, el centro neurálgico del turismo iglesiano, la fisonomía urbana se rinde ante la imponente silueta de Santo Domingo de Guzmán. Esta parroquia fusiona la fe cotidiana del lugareño con la mirada curiosa del turista que llega atraído por el dique Cuesta del Viento, ofreciendo un espacio de calma en medio de la adrenalina que plantea la zona.

El circuito también nos interna por parajes más resguardados pero igual de intensos. En Zonda (Iglesia), la capilla de San Antonio de Padua emerge como un faro de fe comunitaria. Su escala humana y su arquitectura integrada al entorno demuestran cómo la religión fue el primer tejido social que unió a las familias dispersas entre los cerros.

Postales de la Puna y el tesoro de Achango

Hacia el oeste, en Bella Vista, el aire se vuelve oración en la capilla de la Virgen de la Paz. El nombre no es una coincidencia: la atmósfera que rodea al templo, con la cordillera de fondo, transmite una serenidad absoluta, ideal para quienes buscan desconectar del caos de la ciudad en estas vacaciones.

Por su parte, Angualasto aporta su impronta diaguita y arqueológica, pero también su fervor mariano a través del santuario de la Virgen de Andacollo. La mixtura cultural aquí es palpable; la fe traída por los españoles se fundió con los rasgos de la América profunda, convirtiendo a esta estación en una de las más ricas a nivel antropológico.

Finalmente, el recorrido encuentra su broche de oro en la Capilla de Achango. Considerada una de las joyas arquitectónicas más antiguas del país (data del siglo XVIII), este templo construido en adobe, palos de algarrobo y techo de paja y barro, conserva un aura mágica. Su interior, que resguarda una antigua imagen de la Virgen de la Carrodilla con cabello natural, transporta a los visitantes a la época de las misiones jesuíticas y capuchinas. Es, literalmente, tocar la historia con las manos.

El Circuito Religioso de Iglesia se puede realizar en vehículos particulares durante todo el año, pero el invierno ofrece una luz única para la fotografía y un clima ideal para recorrerlo a pie o en bicicleta.

Hacer el Circuito de Fe no requiere ser un devoto practicante; basta con ser un alma curiosa dispuesta a escuchar el susurro de la historia bajo la señal de la cruz.