Fueron casi cuatro días de un temporal inédito. Tan intenso que los calingastinos aseguran que hacía casi 40 años no eran testigos (y, al mismo tiempo, víctimas) de un fenómeno similar. El viento Zonda del jueves dio paso el viernes a una intensa nevada que recién terminó el domingo por la mañana y que luego fue seguida por una persistente llovizna, complicando todavía más el panorama. Localidades como Barreal, Tamberías y Villa Nueva quedaron sumidas en el caos: árboles caídos, cortes de energía eléctrica e internet, techos que comenzaron a filtrar agua y transformadores que lanzaban chispas en medio del temporal.
Lo que al principio parecía una postal de ensueño, con las alamedas cubiertas de blanco, los copos cayendo lentamente y la Cordillera completamente nevada como telón de fondo, terminó convirtiéndose en una sucesión de problemas. Más allá del intenso operativo desplegado desde el viernes, las consecuencias seguían siendo visibles este miércoles, cuando Tiempo de San Juan recorrió la zona.
Con el sol brillando a pleno, la nieve, ya transformada en hielo, comenzaba a derretirse y mantenía activas las filtraciones en muchos techos. Aunque el servicio eléctrico había sido restablecido durante la noche anterior en la mayor parte de las áreas afectadas, las cuadrillas continuaban trabajando para completar las reparaciones. Al mismo tiempo, empleados municipales cargaban enormes ramas de eucaliptos en camiones, luego de haber retirado hacia las banquinas los árboles arrancados de raíz que, por su tamaño, todavía no podían ser removidos por completo.
“Y... fue un problema”, resume Pablo Alejandro Ledesma cuando se le pregunta cómo vivieron los barrealinos la nevada.
El vecino deja rápidamente de lado la imagen que muchos sueñan con ver. Prefiere hablar de las dos familias de su barrio cuyas casas terminaron completamente inundadas por las filtraciones. Entre vecinos tuvieron que limpiar los techos y luego cubrirlos con los nailons que les entregó el municipio.
Ledesma nació en Barreal, tiene 55 años y asegura que no recuerda una nevada semejante desde que era adolescente, allá por 1986. “La nieve fue muchísima y la llovizna complicó todo aún más, porque acá hay muchas casas con techos de cañizo que empezaron a gotear”, cuenta.
Daniel Ibazeta, empleado municipal de 58 años, coincide con ese recuerdo. Dice que no veían una nevada así "desde hace más de 30 años, seguro".
Al tiempo que relata: “Fue impresionante. Uno trataba de empujar la nieve para salir de la casa y se hacían bloques de hielo, durísimos. Era tanta que no quedaba otra que sacarla con palas. Justamente por el peso empezaron a quebrarse las ramas de los árboles, cortaron los cables y los transformadores comenzaron a chispear”.
Como consecuencia, resultaron dañadas tanto las líneas de media tensión como las de baja tensión. Sin embargo, debido a las condiciones meteorológicas, las cuadrillas debieron esperar a que dejara de llover para poder trabajar con seguridad y comenzar las reparaciones.
Ibazeta explica además que los daños también alcanzaron a numerosas viviendas. “Lo mismo pasó con los techos. Se vieron afectadas las casas más precarias, pero también muchas viviendas remodeladas, como las que hoy funcionan como hostels, porque originalmente son de cañizo y conservaron esa estructura”.
Por esa razón, según informaron desde el municipio, durante las primeras 72 horas del temporal debieron asistir a más de 700 familias y solicitar apoyo al Ministerio de Familia y Desarrollo Humano para completar la colaboración.
Juan, otro vecino de Barreal de 30 años, asegura que jamás había visto algo parecido. “Mi abuelo me contaba que habían vivido una nevada similar varios años antes de que yo naciera”, dice.
Recuerda que, al principio, la emoción le ganó a la preocupación: “Era hermoso. Pero cuando se cortó la luz e internet se complicó todo. No podíamos comunicarnos y mucha gente se quedó sin calefacción”.
Trabajador minero, cuenta que cuando comenzó el temporal él y más de 40 compañeros debieron ser evacuados de la alta montaña. Desde entonces esperan el llamado para regresar.
“Ahora tenemos que esperar el aviso. No sabemos cuándo será porque primero tienen que limpiar los caminos y, además, dicen que se viene otra tormenta”, reflexiona.
Y el pronóstico parece darles la razón. Para este jueves, el Servicio Meteorológico Nacional emitió un nuevo alerta naranja por nieve para toda la Cordillera sanjuanina.
Mientras observan los picos completamente blancos, una imagen que muchos aseguran no veían desde hacía más de una década, los calingastinos vuelven a mirar hacia la montaña con una mezcla de esperanza y preocupación. Esperan que la nieve se acumule en altura y contribuya a mejorar la situación hídrica de San Juan. Pero también desean que el próximo temporal sea más generoso con la cordillera que con los pueblos que viven a sus pies.