Siguen los cambios en la estructura de comunicación del Gobierno. Esta vez, Manuel Adorni confirmó la salida de Javier Lanari de la Secretaría de Comunicación y Prensa, un cargo estratégico que ocupaba desde el inicio de la gestión y que funcionó como uno de los principales puentes entre la Casa Rosada y los medios periodísticos.
El anuncio lo hizo en X, donde además Adorni agradeció el trabajo de Lanari durante estos dos años y medio y adelantó que en los próximos días se conocerá el nombre de su reemplazante.
La apuesta oficial: volver a hablar de economía
La salida de Lanari coincide con la llegada del economista Adrián Ravier a la vocería presidencial y forma parte de una reorganización más amplia que impulsa la Casa Rosada. El objetivo es inaugurar una nueva etapa comunicacional y “recuperar la agenda” en un momento de desgaste político para el Gobierno.
Con estos cambios, el oficialismo busca volver a instalar la economía como tema principal y, al mismo tiempo, quitarles protagonismo a las denuncias, las causas por presunta corrupción y enriquecimiento ilícito que, según distintos sondeos, impactaron en la imagen de la gestión durante las últimas semanas.
La tarea del nuevo Vocero
La tarea de Ravier será central en esa estrategia. Desde el Gobierno explican que deberá traducir y explicar las reformas económicas, defender los resultados de la gestión y acercar un discurso técnico a la vida cotidiana de la gente. Su perfil como economista apunta a reforzar uno de los pilares sobre los que Milei construyó su proyecto político.
Pero los cambios no se limitan a la vocería. La salida de Lanari abre una nueva etapa en el vínculo entre la Casa Rosada y los medios de comunicación. El Gobierno ahora busca contar con una persona que se encargue de ordenar el trabajo diario de la sala de prensa y alinear la comunicación con la nueva estrategia oficial.
En ese marco, Milei tiene previsto mostrarse este martes junto a Ravier en un acto de la Fundación Faro. La foto no será un detalle menor: el Presidente intentará transmitir una imagen de control y enviar una señal de fortaleza interna en medio de un escenario político cada vez más complejo.
Esta reestructuración llega en un momento delicado para el Gobierno. La presión judicial sobre algunos funcionarios, las tensiones internas y la cercanía del calendario electoral obligaron a revisar la estrategia.