La investigación en torno a la banda de los "escruchadores" de Rivadavia sumó un capítulo definitivo -hasta ahora- en Tribunales. William Conti, el conductor de plataformas de viaje que utilizaba su oficio como pantalla para realizar tareas de inteligencia, admitió su culpabilidad en un juicio abreviado y fue condenado a 1 año de prisión condicional.
El fallo fue homologado por el juez de Garantías Gerardo Javier Fernández Caussi, tras el acuerdo alcanzado entre los fiscales Juan Manuel Gálvez y Carlos Yanzón (UFI Delitos Contra la Propiedad) y el defensor oficial Hugo Trigo. Conti fue hallado penalmente responsable de los delitos de hurto agravado por el uso de llave verdadera, robo y encubrimiento, todo en concurso real en calidad de coautor.
El chofer "entregador": la pieza clave del engranaje
Aunque en los primeros tramos de la pesquisa Conti logró mantenerse al margen de las sospechas, el avance de la Brigada de Investigaciones Oeste terminó por revelar que su rol no era secundario, sino el eslabón fundamental para que la banda pudiera operar con precisión quirúrgica.
Conti trabajaba a bordo de un Fiat Siena -vehículo que ya fue secuestrado por la Policía- prestando servicios para las aplicaciones Uber y DiDi. Lejos de limitarse a transportar a los pasajeros, el chofer desplegaba un aceitado modus operandi: entablaba conversaciones aparentemente inocentes y casuales con los clientes.
El objetivo de esta "charla de viaje" era estrictamente logístico y estratégico. Primero averiguaba los horarios de rutina de las víctimas, preguntaba cuántas personas residían en el domicilio, detectaba si los pasajeros vivían solos o si las propiedades quedarían vacías en momentos específicos y finalmente,el chofer obtenía los datos, la vivienda quedaba "marcada" y la información era transmitida de inmediato a los ejecutores materiales de los robos.
La caída de la banda
Con el mapa logístico que aportaba Conti, entraban en acción los hermanos Emanuel y Leandro Ezequiel Campillay, quienes recientemente también aceptaron una condena de un año de prisión efectiva (ya se encontraban alojados en el penal de Chimbas). Mientras el chofer seguía circulando en el auto para no levantar sospechas, los Campillay irrumpían en las casas de Rivadavia para desvalijarlas.
A pesar de la inteligencia previa montada por el conductor, el talón de Aquiles de la organización fue el uso de las tarjetas de crédito robadas en los golpes. El análisis minucioso de los movimientos bancarios y las compras realizadas con esos plásticos permitió a los investigadores rastrear la ruta del dinero y conectar de forma directa al chofer con los delincuentes, cerrando el círculo judicial que esta semana terminó con la condena del conductor entregador. Por el caso, también se encuentra capturado un tercer implicado, identificado como Mario Alberto Campillay.