“No chocamos nada, solo fue una bolsa”: la escalofriante frase del conductor que atropelló y mató a Cintia Ortega en Rawson

Nuevos y desgarradores testimonios complican a Jorge Gauna. Se confirmó en la audiencia de formalización que tres jóvenes que viajaban con él tras salir de un boliche relataron ante la Justicia cómo el chofer, bajo los presuntos efectos del alcohol y a alta velocidad, embistió a la víctima y se negó rotundamente a frenar. La jueza le dictó la prisión preventiva.

Viernes, 24 de julio de 2026 a las 11:10

Lo que empezó como una noche de entretenimiento en un boliche terminó convirtiéndose en una de las tragedias viales más crueles y con mucha repercusión social en la provincia. Cintia Johana Ortega, de 38 años, murió atropellada y abandonada en el lateral este de la calle General Mosconi (lateral de la Ruta 40), en Rawson, durante la madrugada del lunes.

Por el hecho se encuentra detenido Jorge Gauna, conductor del Chevrolet Corsa Classic blanco involucrado en el siniestro, y sobre quien pesa además un aberrante antecedente judicial. Sin embargo, no se trató de un simple accidente seguido de fuga: las recientes declaraciones testimoniales exponen un grado de desprecio por la vida estremecedor, que quedó inmortalizado en la cínica respuesta que el imputado les dio a los pasajeros que presenciaron el golpe mortal: "No chocamos nada, solo fue una bolsa".

El expediente que instruye la UFI Delitos Especiales ha logrado reconstruir los minutos previos al fatídico impacto, momento que también quedó registrado en un video de cámaras de seguridad. Todo se desencadenó a la salida de un boliche. Según consta en sede judicial, Gauna -quien habría estado ingiriendo alcohol- se ofreció a llevar a un grupo de jóvenes.

Tres personas subieron a su vehículo: dos jóvenes mujeres (identificadas como Z. y D.) y un hombre (J.). El trayecto de Norte a Sur por General Mosconi se volvió una pesadilla al poco andar. Las declaraciones testimoniales recabadas son coincidentes y contundentes: Gauna arrancó a una velocidad alta e imprudente. El intenso frío y la lluvia de la madrugada había empañado por completo los vidrios del rodado, pero el conductor no detuvo su marcha, ni hizo el menor esfuerzo por despejar el parabrisas, circulando sin visibilidad y sin mantener el dominio ni control del vehículo.

Mientras el auto circulaba fuera de control, Cintia Johana Ortega caminaba por el borde oeste de la misma calle, de Norte a Sur. Producto de la nula visibilidad y la velocidad, Gauna la embistió violentamente desde atrás con la parte frontal y derecha de su automóvil.

Adentro del habitáculo, el violento estruendo se sintió con total claridad. La testigo Z. relató ante la Justicia el pánico de esos segundos. Aterrada, comenzó a pedirle a los gritos al chofer que frenara el vehículo. Lejos de detenerse a auxiliar a la víctima, Gauna continuó acelerando y soltó la excusa que heló la sangre de los presentes: "No chocamos nada, solo fue una bolsa".

Su amiga, la testigo identificada como D., reafirmó esta versión en su testimonio judicial. Detalló que, asustada por el obvio impacto humano, lo increpó directamente: "Chocaste a alguien". Gauna, aferrado al volante, insistió cínicamente en su farsa: "Yo no choqué a nadie". Esta testigo también fue clave al afirmar que lo había visto bebiendo alcohol minutos antes.

El tercer pasajero, J. (quien aclaró no ser amigo de Gauna pero sí coincidir en el grupo), viajaba en el asiento trasero conversando con las chicas cuando sintió el golpe. Confirmó que salieron por Mosconi y el consumo previo de alcohol por parte del conductor.

Ante la desesperación, los gritos y la insistencia de las pasajeras, lograron obligar a Gauna a que frenara el rodado más adelante para bajarse de inmediato, aterrorizadas por lo que acababa de ocurrir. El testigo J. continuó a bordo brevemente y se bajó posteriormente en otro punto. Mientras tanto, Cintia quedaba tendida en la calle, para luego ingresar sin vida al Hospital Rawson.

El accionar posterior de Gauna evidencia que era plenamente consciente de lo que había hecho. Según la declaración de la cuarta testigo, A. (dueña registral del Corsa), ella le alquilaba el auto por día para que él lo usara como medio de trabajo el sábado y para uso personal el domingo.

Durante la jornada del lunes, Gauna reparó a escondidas el espejo retrovisor derecho (pieza hallada en la escena del crimen) y otros daños frontales con el objetivo de borrar las evidencias del homicidio. Fue recién cuando la Policía allanó el domicilio de la dueña para secuestrar el auto, que ella se enteró del siniestro, confirmando que las reparaciones las había hecho el imputado a sus espaldas antes de devolverle el rodado el día martes.

Para la Justicia, las pruebas acumuladas y el desgarrador relato de los pasajeros pintan el perfil de un conductor inescrupuloso y calculador. A esto se le suma un historial delictivo que sacude aún más la sensibilidad pública: en febrero de este mismo año, Gauna había sido condenado a 3 años de prisión condicional por el abuso sexual de una adolescente en su entorno familiar. Un pasado y un presente que confluyen, mientras se espera que todo el peso de la ley recaiga sobre él por la tragedia que cobró la vida de Cintia Ortega.

La decisión de la jueza

Tras la audiencia, la jueza Mónica Lucero imputó a Jorge Gauna por homicidio culposo por la conducción imprudente de un vehículo con motor agravado por darse a la fuga.

En consecuencia, decidió que el conductor quede bajo prisión preventiva durante 8 meses. Por lo que, Gauna permanecerá detenido en el Servicio Penitenciario mientras avanza la investigación.