Lo que prometía ser un debate judicial extenso y complejo encontró una resolución abrupta este lunes, cuando un sanjuanino con un frondoso y oscuro prontuario por delitos contra la integridad sexual, identificado por las siglas S.V., admitió su culpabilidad. El sujeto, que debía sentarse en el banquillo de los acusados por ultrajar a su sobrina de 12 años con síndrome de Down, optó por un juicio abreviado al verse cercado por un elemento probatorio irrefutable: la valiente declaración de la hermana de la víctima.
La voz de quien no podía defenderse
El caso salió a la luz gracias a la perspicacia y el instinto protector de una niña de apenas 13 años. Dado que la víctima de 12 años padece una discapacidad que le impide hablar y expresarse, el aberrante accionar de su tío corría el riesgo de quedar en la impunidad y el silencio de las paredes del hogar que compartían.
Según fuentes del caso, la hermana mayor comenzó a mostrar un comportamiento de alerta constante, pidiéndole insistentemente a su madre que no dejara sola a la niña de 12 años y que "la cuidara". Estas expresiones, cargadas de angustia, encendieron las alarmas en la madre, quien decidió indagar a fondo. Fue en ese momento de quiebre emocional que la adolescente rompió en llanto y relató el horror: había visto a su tío, S.V., manoseando las partes íntimas de su hermana en el interior de una habitación.
La menor de 13 años se convirtió en la piedra angular de la acusación. Ante la imposibilidad de realizar una entrevista videograbada a la víctima directa, la hermana brindó su testimonio en Cámara Gesell. Su relato fue detallado, coherente y lapidario para el futuro procesal del acusado.
Un depredador serial
El peso de la condena recae no solo en la gravedad del hecho -abuso sexual simple agravado por la convivencia-, sino en la alarmante naturaleza reincidente del agresor. S.V. es un individuo con un preocupante historial de violencia sexual.
Sus antecedentes exponen una conducta criminal reiterada. En 2005 recibió su primera condena, consistente en 3 años de prisión efectiva y en 2017 fue condenado nuevamente por el delito de abuso sexual con acceso carnal y corrupción de menores. Por este hecho, cumplió una pena de 10 años de prisión efectiva (estuvo privado de su libertad desde 2015 hasta el 17 de noviembre de 2025).
A escasos meses de haber recuperado la libertad tras una década en el Servicio Penitenciario Provincial, S.V. volvió a atacar, esta vez aprovechándose de la extrema vulnerabilidad de su propia sobrina.
El giro judicial
Estaba previsto que este lunes 22 de junio el juez Guillermo Adárvez diera inicio al debate oral. La pretensión punitiva del Ministerio Público Fiscal, representado por la fiscal Valentina Bucciarelli y el ayudante fiscal Nahuel Ibazeta de UFI ANIVI, era firme: solicitaban 8 años de prisión para el acusado.
Sin embargo, en una maniobra legal de última hora orquestada por la defensa -a cargo de la defensora oficial Sandra Leveque y su ayudante Maira Elías- el acusado decidió reconocer los hechos y someterse a un juicio abreviado.
Por cuestiones procesales, al modificarse la naturaleza del procedimiento, el juez Adárvez dejó su lugar y la resolución recayó en la magistrada de turno, la jueza Celia Maldonado de Álvarez. Tras revisar los términos del acuerdo y la contundencia de las pruebas -principalmente el testimonio de la hermana-, la jueza homologó el pacto y condenó a S.V. a la pena de 3 años de prisión efectiva, enviando nuevamente a este depredador sexual tras las rejas.