Si bien fueron talentos capaces de conquistar títulos, protagonizar veladas memorables y representar a la provincia en escenarios nacionales e internacionales, hubo boxeadores sanjuaninos que del brillo de las luces del ring pasaron a ocupar un espacio en las páginas policiales y, en el peor de los casos, a la oscuridad de la cárcel. La reciente condena contra Ezequiel "Pac Man" Fernández volvió a poner sobre la mesa una historia repetida: la de púgiles reconocidos que, por distintos delitos, fueron castigados por la Justicia.
El último caso es el de Fernández, uno de los boxeadores más populares de los últimos años en San Juan. El deportista de 35 años fue condenado a tres años de prisión de ejecución condicional tras admitir su participación en una violenta incursión ocurrida el pasado 27 de abril en el barrio Los Toneles, en Chimbas. Junto a su hermano Ángel Bernardo Fernández, protagonizó una acción impulsada por la búsqueda de bienes que creían robados, pero que terminó derivando en amenazas armadas, violación de domicilio, robo y la tenencia ilegal de una pistola calibre 45, considerada arma de guerra.
La investigación encabezada por la fiscal Daniela Pringles permitió reconstruir un episodio que expuso la faceta más oscura del reconocido púgil. Ambos hermanos evitaron la cárcel efectiva por carecer de antecedentes penales, pero quedaron condenados y sometidos a estrictas reglas de conducta.
El antecedente más impactante: el "Topo" Garro
Mucho antes del caso Fernández, el nombre de Marcos "Topo" Garro protagonizó uno de los episodios más insólitos del deporte argentino. El 26 de abril de 1998, el sanjuanino defendió exitosamente el título argentino de la categoría gallo en una pelea televisada para todo el país. Sin embargo, apenas descendió del cuadrilátero, efectivos policiales lo detuvieron frente a las cámaras.
Los investigadores habían advertido que existía un pedido de captura vigente en su contra y aprovecharon la exposición televisiva para ubicarlo. Garro era entonces una de las grandes promesas del boxeo nacional, llegaba invicto en veinte combates y soñaba con una oportunidad mundialista.
Su carrera deportiva quedó atravesada por conflictos judiciales. Había estado involucrado en distintas causas desde comienzos de los años noventa y la detención de 1998 respondió a una investigación por presunta tenencia de drogas y una supuesta violación ocurrida años antes en Buenos Aires. Su historia tuvo un desenlace trágico en 2002, cuando murió de un disparo efectuado por un policía en un confuso episodio que nunca terminó de esclarecerse.
Mauricio "El Gringo" Cabrera y una condena en plena carrera
Otro de los nombres que mezcló gloria deportiva y problemas judiciales fue Mauricio "El Gringo" Cabrera. El púgil chimbero, famoso por su estilo agresivo y frontal sobre el ring, fue condenado luego de participar en el robo de una cartera a una docente.
Cabrera asumió su responsabilidad y cumplió la condena. Durante su estadía en el Servicio Penitenciario Provincial continuó entrenando y enseñando boxeo a otros internos, llegando incluso a organizar exhibiciones deportivas dentro del penal.
Tras recuperar la libertad intentó relanzar su carrera profesional, pero un brutal nocaut sufrido en el Estadio Aldo Cantoni en 2005 le provocó secuelas neurológicas que precipitaron su retiro definitivo. Años después se radicó en Buenos Aires y desarrolló tareas vinculadas a la seguridad privada.
Amílcar Funes y sus casos policiales
Más recientemente, otro reconocido nombre del boxeo sanjuanino volvió a aparecer en los tribunales. Se trata de Amílcar Funes, quien en 2024 fue condenado a seis meses de prisión condicional por amenazas simples y violación de domicilio. La causa se originó tras un conflicto vecinal en Rawson. Según la investigación, Funes ingresó de manera violenta a la vivienda de una mujer y la amenazó exigiéndole la devolución de un teléfono celular que creía sustraído. El boxeador admitió los hechos en un juicio abreviado y recuperó la libertad bajo reglas de conducta.
Sin embargo, Funes ya había atravesado un proceso judicial todavía más grave y de enorme repercusión años atrás, cuando fue juzgado por el homicidio del peluquero Sergio Montenegro, ocurrido en 2016. La investigación derivó en la detención de Funes y otras personas sospechadas de haber participado en el hecho. Fue procesado por homicidio simple y permaneció detenido mientras avanzaba la causa. Según la hipótesis acusatoria, habría tenido participación en el ataque que terminó con la muerte del estilista.
En septiembre de 2019 se realizó el juicio oral. La Fiscalía solicitó prisión perpetua al acusarlo de homicidio agravado por alevosía y ensañamiento y/o robo agravado por uso de arma blanca. Sin embargo, el tribunal concluyó que no existían pruebas suficientes para alcanzar el grado de certeza necesario para una condena y lo absolvió por el beneficio de la duda. Recuperó la libertad tras más de dos años vinculado al expediente.
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