Una mancha de sangre se convirtió en la prueba clave que dejó al descubierto al presunto asesino de Francisco Martínez, el comerciante de 70 años masacrado a golpes en diciembre último en su casa en Chimbas. El informe del laboratorio forense reveló que una remera del único detenido por el crimen tenía restos de sangre del anciano asesinado.
Crimen del anciano de Chimbas: una mancha de sangre, la prueba clave que involucra al vecino
Esto complica a Mario Ariel Gómez, de 37 años y vecino de la víctima, y lo deja como el principal acusado del asesinato del comerciante Martínez ocurrido entre la noche del 24 y la madrugada del 25 de diciembre pasado. Con esto, los policías de la Sección Homicidios y el juez Martín Heredia Zaldo, a cargo del Cuarto Juzgado de Instrucción, tendrían resuelto el conmocionante crimen, cuyo móvil fue el robo.
Francisco Martínez era comerciante. Se dedicaba a comprar verdura al por mayor a productores, la que después vendía a almaceneros y verduleros de Chimbas. Tenía un buen pasar. Estaba separado y distanciado de su familia, por eso vivía solo en un departamento de calle Centenario a poco metros de las casas de uno de su hijos y de su ex esposa.
Lo que lograron reconstruir los investigadores policiales fue que Martínez estaba solo la noche del 24 de diciembre y que, en esas horas que se cortó la luz, alguien entró a atacarlo con intenciones de asaltarlo. Como estaba oscuro o éste se defendió, el o los ladrones se ensañaron con él. Lo golpearon con un palo hasta matarlo. Tras el asesinato, revisaron la vivienda y se llevaron el dinero que tenía, algo 200 mil pesos, según los datos de la Policía. Esa era la suma que solía manejar el anciano para sus negocios.
Recién la mañana del 26 de diciembre encontraron el cadáver de Martínez. Su nuera vio abierta la puerta y entró. Ahí halló su cuerpo en medio de un baño de sangre. Tenía destrozada la cabeza a golpes. La Policía levantó astillas del palo con el que le pegaron.
Ese mismo día, el juez Heredia Zaldo ordenó investigar quiénes visitaban la casa del anciano. Así fue los policías de Homicidios recogieron testimonios de vecinos que aseguraron que la noche del 24 vieron a Mario Gómez entrar al domicilio de Martínez. Esto lo puso en la mira, además porque solía frecuentar esa vivienda por changas que le encargaba la víctima. Al mediodía lo detuvieron y le secuestraron algunas prendas de vestir. También apresaron a otro joven, que a las horas fue liberado.
En una remera verde y en una ojota de Gómez hallaron rastros de lo que podía ser sangre. Los peritos de Criminalística después confirmaron que era sangre humana. Todo se llevó al laboratorio forense para analizar y determinar el perfil genético. El resultado fue que las pruebas de ADN demostraron que las manchas de sangre que tenía la remera de Gómez pertenecían a la víctima. El grado de certeza es de un 99 por ciento, aseguró una alta fuente judicial. Esto sitúa a Mario Ariel Gómez en la escena del crimen y como presunto asesino del anciano Martínez.
Esta era la prueba que esperaba el juez Heredia Zaldo y los investigadores de Homicidios para cerrar el círculo en torno al caso. Paralelamente, en estos últimos días, Gómez fue indagado por el juez Benedicto Correa –de turno en la feria- del Quinto Juzgado de Instrucción, quien le imputó el delito de homicidio criminis causa. El acusado se abstuvo de declarar y fue enviado al penal de Chimbas.
A partir de este dato revelador en la causa, la situación de Gómez se complica. Incluso puede agravar la calificación del delito, dado que en principio se habló de un homicidio con ensañamiento.