Alejandra Poblete se salvó de milagro luego de chocar con un tren este martes y ella cree que fue Sergio Montenegro, el peluquero asesinado por Amílcar Funes, quien “puso la mano” para cuidarla en el impacto.
El milagro del peluquero asesinado
Entre lágrimas, asustada después del tremendo accidente, Alejandra dijo que para ella “fue Sergio el que me ayudó, para que pueda seguir cuidando a los niños”. Es que sin ella, los dos hijos quedarían huérfanos y esto es lo que más preocupaba a la joven. Incluso, antes de ser asistida, habló con sus pequeñas para tranquilizarlas.
La mujer es la madre de los dos hijos del estilista, quien murió en junio de 2016 atacado por el boxeador, que fue recientemente procesado. Alejandra dijo a Tiempo de San Juan que sintió la protección de su ex pareja tras el accidente, en especial para que pudiera seguir cuidando a los dos hijos que tienen en común.
La mujer salió prácticamente ilesa, con un golpe la pierna, siendo que viajaba en el asiento del acompañante, donde impactó en un principio el tren de cargas, que en ese momento viajaba hacia Albardón.
Quienes iban con ella, unos conocidos con los que estuvo en un cumpleaños, sufrieron heridas varias. La más lastimada fue otra mujer, María José Páez, quien iba en el asiento de atrás de Poblete y terminó con un corte en la cara, sangrado de nariz y politraumatismos varios en el cuerpo. El conductor, Miguel Ángel Cortez, sufrió un fuerte golpe en el pecho y estuvo inconsciente en unos minutos, aunque fue rápidamente asistido por Fernando González, el otro ocupante del auto, que además de salir casi heridas es gendarme, por lo que contaba con el entrenamiento para asistir a sus compañeros.
Un “chiste” que pudo terminar muy mal
Fernando y Alejandra hablaron con Tiempo de San Juan tras el accidente y ambos coincidieron en que el conductor manejaba de manera temeraria antes del choque. El grupo de conocidos volvía de un cumpleaños y se dirigían a Caucete, de donde son oriundos todos, aunque apenas se conocía. Cuando transitaban por calle Sarmiento, donde dicen que iba acelerando y frenando, el hombre no vio el tren hasta que ya estaba pasando la calle.
Alejandra asegura que al ver la locomotora asomar, lo único que tuvo tiempo a gritar fue “¡la vía!”, pero sólo quedaban 10 metros desde donde estaba el auto a las vías y no tuvieron posibilidad de frenar.
El impacto fue contra el costado de la locomotora, donde todavía quedaban restos de la óptica y pintura del gol verde manzana en el que iban los accidentados.