Canal 13 San Juan
Denunció a su marido por violar y embarazar a su hija
Para Norma Sánchez (47) la vida que había construido se terminó el 7 de enero pasado. Ese día todo lo que creía saber sobre sí misma, su pareja y su familia, se derrumbó sin vuelta atrás. “¡Hasta cuándo me vas a cagar la vida!”, le gritó su hija Sofía (18) a su padrastro, Pedro Aníbal Ibaceta (47), el marido de Norma.
Con esa explosión terminaron 13 años de silencio. Sofía confesó su peor dolor. Su hijito, el que ella concibió cuando tenía apenas 14 años, había nacido producto de la violación de su padrastro. Los manoseos habían comenzado cuando ella tenía tan sólo 5 años. El acceso carnal, cuando cumplió los 11 años. La pesadilla completa duró hasta los 18, cuando no pudo aguantar más y acusó a su abusador.
Norma, que hasta ese momento no sabía quién era el padre de su nieto, entendió todo. Y se hizo cargo de la pesadilla. Pensó en matarlo, en ajusticiarlo por mano propia. Pero decidió acudir a la Policía. Ibaceta cayó detenido el 12 de enero. Hasta el 14 estuvo en la Comisaría Quinta, de Santa Lucía. Y de ahí pasó al Servicio Penitenciario, Unidad II, Pabellón 10. Su causa es investigada por el juez penal Pablo Flores.
Con Ibaceta preso, la familia se quedó sin ningún sustento económico: Norma, sus cuatro hijos (Sofía y tres hermanitos de 13, 11 y 9 años, hijos biológicos del acusado), además del nietito de 3 años. Esta es su historia, relatada en primera persona, sin temores y en carne viva:
“Este drama comenzó el día 7 de enero de este año. Cuando mi niña pidió permiso para ir a lo de unos amigos. Mi ex pareja hizo un drama terrible, como los que siempre acostumbraba hacer. Y fue ahí cuando estalló esa bomba, que me destruyó la vida”, explicó Norma, en la modesta casita que le presta su hermano, en el asentamiento San Expedito, en Santa Lucía.
“Ahí mi hija le dijo: ‘¡Hasta cuándo me vas a cagar la vida!’. Ahí se derrumbó todo. Ahí contó mi hija que él en mi ausencia la había violado. Que mi nieto, uno de mis tesoros, es hijo de él. Y él negaba todo”, recordó.
A su lado, Sofía. Una bella adolescente que no esconde un toque de melancolía en la mirada. No le tembló la voz para relatar los hechos que tristemente la tuvieron como protagonista: “Fueron 13 años que estuve callada. Y hablé porque en realidad ya estaba mal. Ya no tenía fuerzas para seguir adelante, siendo que tengo un hijo. Cada mañana que me levantaba pedía estar muerta, antes que seguir con la vida que llevaba”.
A Sofía el relato le brotó como en borbotones, como el caudal liberado de una compuerta, ya sin freno. “El día que hablé, el 7 de enero de este año, pedí permiso para ir a la casa de una amiga para pagarle unas cosas que le debía, y él empezó con lo mismo de siempre: ‘Te vas allá porque tenés un novio, seguro que andás con otro, sos una cualquiera’. Entonces dije basta. Hasta acá llegué. Le dije que hasta cuándo me iba a seguir arruinando la vida: ‘Me cagaste la vida y me la vas a seguir cagando. No te lo voy a permitir’. Entonces, de la bronca, agarré, salí para afuera, golpeé un montón de cosas. Cuando me empezó a faltar el aire, vino mi mamá y me dijo: ‘Quiero saber qué pasa’. Yo me quebré en llanto y le dije que él había abusado de mí, que me había violado y que mi hijo era de él”.
“Entonces mi mamá lo que hizo fue respirar profundo y quebrarse en llanto. Mi abuela estaba presente. Estaba completamente desorientada. Pensamos que no iba a resistir”, recordó Sofía.
Con los ojos enrojecidos de tanto llorar, Norma susurró: “Le pedí a mi madre que se la llevara a mi niña, con mi nieto. Hasta el día que lo denuncié, hasta el 10 de enero, mi alimento fue leer la Biblia, rezar y tomar unos mates. Solamente dormía en la siesta. De noche no dormía por temor a lo que iba a hacer él”.
“Y él, cobardemente, se acostó con los niños varones. Los hijos de él. Los menores. Y yo decía: ‘¡Dios mío! ¿Qué hago, Señor? ¿Lo denuncio o lo mato?’. En las noches, sentía el mínimo ruido, me levantaba, agarraba la horqueta y se la medía en el torso. O el pico. Él dormía y yo se lo medía en la frente. Y decía: ‘¿Si yo hago eso qué va a ser de mis cuatro hijos y mi nieto? ¿Me voy a ensuciar las manos con alguien tan miserable que ni siquiera para guano sirve?’”, reflexionó.
“Entonces el día 10 de enero fui y lo denuncié. El día 12 de enero lo llevaron detenido. Y ahí empezó un largo proceso. Donde yo vivía, que era propietario Industrias Chirino, me permitieron quedar un tiempo. Pero sin sueldo. Hoy no tengo salario, no tengo tarjeta social, no tengo ningún ingreso de los tantos que entran desde la Nación, porque a él no lo despidieron, le mandaron un telegrama donde decía ‘suspendido’. Y eso me traba toda ayuda social y económica que he solicitado. Hasta que a él no lo despidan estoy así, con las manos vacías y mi vida destruida”, afirmó. Sin embargo, la ayuda social empieza a llegar (ver aparte).
“Al nene ya se le practicó el ADN, al cual él cobardemente se negaba. Y el ADN dio positivo. Ese degenerado que nunca debió haber nacido. Él me propuso que yo me fuera de la casa, con Sofía y mi nieto. Y le dejara mis otros tres hijos. Pero yo no podía hacerlo”, insistió Norma. “Desde el 7 de enero yo no vivo. Yo no sé lo que es reír. Sólo me sostiene la fe. Abrazo a mi nieto, que es hijo de él. Pienso en mi hija, que le robó la niñez”.
El principio
“Sofía quedó embarazada a los 14 años. Y los abusos sexuales comenzaron a los 11. El manoseo comenzó a los 5, cuando yo iba a parir a nuestro primer hijo en la pareja. Estuve cuatro días internada y el muy desgraciado se aprovechó de mi niña, cuando yo se la dejé con toda confianza de que la cuide, que la proteja, que la alimente. Él aprovechó para comenzar con los manoseos”, lamentó Norma.
El lunes 7 de enero estalló la verdad. Los acontecimientos se desencadenaron los días subsiguientes. Sofía continuó con el relato de su madre: “El día jueves él le confesó que era verdad. El viernes fue mi mamá e hizo la denuncia. Él me mandó a mí 300 pesos para que me callara. Es algo que ni la persona más estúpida haría. Pero lo hizo”.
“Mi mamá pensaba que esto era desde los 11 años. Pero en realidad él a mí me manoseaba desde los 5 años, desde el día 17 de abril del año 2000. El día que mi mamá tuvo a mi hermano. El abuso siguió hasta los 10 años. Y a los 11 años me violó. A los 14 años me quedé embarazada. Hasta los cinco meses de embarazo insistió en que yo abortara. Me trajo pastillas, inyecciones, que se las tiré y las rompí en el piso. Me insistió con ir a una mujer para que me sacara el niño. A los seis meses y nueve días, mi mamá se enteró que estaba embarazada y que era un varón. Me preguntaba de quién era. Me decía: ‘Del Espíritu Santo no puede ser’. Lo primero que me preguntó fue si me habían violado. Si había sido él. Yo lo único que hacía era llorar y llorar”, explicó Sofía.
“La primera vez que él me violó, a los 11 años, yo lo que hice fue intentar cortarme las venas. Después, cada vez que él me tocaba, yo me hacía una cortadura en las piernas. Prefería sentir cualquier dolor, pensar en ese dolor que yo misma me provocaba y no pensar en lo que él me hacía”.
El ocultamiento
La pregunta lógica –si cabe alguna lógica en el absurdo- era por qué ocultar tanto tiempo el abuso, por qué razón cubrir al victimario y subordinarse a su voluntad.
“Primero, al principio, fue miedo. Porque él me amenazaba con mis hermanos y mi mamá. La primera vez que intentó violarme estaban mis hermanos jugando y él me agarró de atrás y me dijo: ‘Si vos no te dejás…’. Y se quedó callado. Después se quedó pensativo y al rato dijo: ‘¿Qué se sentirá hacerlo con un varón?’. Y miraba a uno de sus propios hijos. Entonces yo, por amor a mis hermanos, por amor a mi mamá, prefería sufrir yo y que no sufrieran ellos”, afirmó Sofía.
“Pero a la vez también fue por vergüenza. ¿Qué iba a pasar si decía eso? ¿Cómo me iba a mirar la gente? ¿Qué me iban a decir? Pero no me interesa lo que me digan en la calle. Que me vean y que digan: ‘Mirá, allá va la chica que violó el padrastro’. No me interesa. Porque hoy estoy trabajando para mantenerlos a ellos, para cuidar a mi hijo, para salir adelante, para demostrarle a él, que decía que yo soy una cualquiera, que mi mamá era una mugrienta, yo con esto le estoy demostrando que nosotros podemos, y que vamos a salir adelante”.
Ayuda social en curso
El 2 de julio Norma Sánchez fue recibida en la Subdirección de la Mujer, a cargo de Victoria Benítez. Allí la asistieron inmediatamente con dos módulos alimentarios que contienen artículos de la canasta básica como harina, azúcar, yerba, fideos, leche y arroz. Ahí también comenzó a tramitarse el beneficio de la tarjeta social para que pueda sumar un ingreso alimentario mensual. Según informaron desde la oficina pública, la protagonista de esta historia recibiría el carnet en septiembre.
También le abrieron las puertas para incluirla en el nuevo programa nacional “Ellas hacen”, que está destinado a mujeres que sufrieron algún episodio de violencia doméstica y que, separadas de su cónyuge violento, perdieron todo ingreso económico. El plan consiste en un ingreso de 2.000 pesos mensuales a cambio de labores durante cuatro horas diarias. Es compatible con otros beneficios.
Además, desde la oficina pública se gestionó la asistencia psicológica dentro del Centro de Salud de Villa Marini, en Santa Lucía, cerca del domicilio actual de Norma.
Su hija Sofía también recibió contención psicológica, pero ahora la mujer reclama también asistencia profesional para sus otros hijitos menores, que fueron testigos de la violencia familiar.
“Hoy por hoy lo que le pido a la Justicia es que a mis niños les hagan la Cámara Gesell y les brinden asistencia psicológica. La niña más chica –hoy tiene 9 años- fue testigo de lo que el padre le hizo a su hermana. Esa niña hoy por hoy me dice: ‘Está bien que el papá esté donde está. Él es malo, es cochino’. Esa niña necesita asistencia psicológica”, insistió Norma.
El mensaje para otras mujeres
Norma Sánchez
“Les diría que no tapen, que denuncien. No hay que hacerse cómplice de los enfermos, de los degenerados. No hay que pensar dónde voy a ir a vivir. Yo me quedé a la calle y sin un peso. El sol sale todos los días y siempre hay algo para comer. Yo no solamente lo denuncié para que pague por lo que le hizo a mi hija, sino porque es el lugar donde debe estar. Y lo hice para proteger a mis otros tres hijos”.
Sofía Sánchez
“Que no se queden calladas. Yo lo hice por 13 años y sé lo que se siente. Pero va a llegar un momento en que van a estallar y van a tener que hablar. Y ese momento tiene que ser ahora, que la Justicia ha puesto muchas leyes que nos favorecen, que nos avalan, que nos protegen. Hay muchas que quedamos calladas y tenemos la suerte de estar vivas. Y ya que tenemos la suerte de estar vivas, tenemos que hablar”.