Amalia, la mujer que hace volar las hojas de las veredas de Capital

Con una máquina de 15 kilos al hombro, recorre cuadras cada mañana para mantener limpias las calles y derribar prejuicios sobre los trabajos urbanos.

Jueves, 25 de junio de 2026 a las 11:50
Amalia Barraza y su máquina voladora de hojas.

A primera vista parece una escena cotidiana del otoño-invierno sanjuanino: hojas secas que se arremolinan sobre las veredas y una trabajadora municipal que avanza detrás de una potente corriente de aire. Detrás de ese paisaje habitual está Amalia Barraza, una empleada municipal de 35 años que cada mañana carga una sopladora de hojas de 15 kilos y camina cuadras enteras para mantener limpia la ciudad. Con ocho años de trabajo en la Municipalidad de Capital, hoy se convirtió en una de las caras visibles de una tarea que muchas veces pasa inadvertida, aunque impacta directamente en la vida diaria de los vecinos.

Amalia enciende la máquina y comienza a avanzar. Las hojas vuelan, se agrupan junto al cordón y detrás aparece el resto del equipo. Mientras algunos compañeros las embolsan, otros las cargan en el camión. Así, entre el ruido del motor y el movimiento constante, se desarrolla una rutina que exige esfuerzo físico, coordinación y paciencia.

"Lo que cargo es una sopladora de hojas para poder trabajar más cómodamente y sacar las hojas de las veredas, que son muchas", cuenta. Explica que la herramienta agiliza una tarea que antes realizaban únicamente con escobas y que permite mantener despejadas tanto las veredas como las cunetas.

Su recorrido puede variar según las necesidades del día, pero generalmente cubre alrededor de diez cuadras por jornada. "Por ejemplo, arrancamos desde 25 de Mayo hasta Juan Jufré por una vereda y después vuelvo por la otra para ayudar a mis compañeras", relata. Otras veces, la tarea la lleva por distintos puntos de la ciudad, siempre caminando y siempre al aire libre.

El trabajo tiene una particularidad: rara vez pasa desapercibido. Hay quienes agradecen el esfuerzo y quienes cuestionan el método. "Hay gente que nos agradece y hay gente que nos critica porque levantamos tierra", reconoce. Sin embargo, asegura que tanto ella como sus compañeros están acostumbrados a convivir con esas opiniones.

Lo que más le duele no son las críticas, sino ver cómo algunos vecinos ensucian mientras ellos limpian. "Estamos limpiando y hay gente joven que sale y deja la basura en la calle. Queda como que no se limpió, como que quedó sucio", lamenta.

Aun así, también hay momentos que compensan el esfuerzo. Sobre todo cuando una persona mayor le pide ayuda. "Muchas veces sale una mujer grande de su casa y me pregunta si puedo ayudarla a sacar las hojas. Primero tengo que pedir autorización, porque es un domicilio privado, pero muchas veces podemos ayudarlos y nos agradecen mucho", cuenta.

La historia de Amalia también habla de superación dentro del propio trabajo. Durante años se desempeñó con la escoba, como muchas de sus compañeras. Sin embargo, este año decidió animarse a nuevas tareas. Primero tomó la sopladora y después la bordeadora, una herramienta utilizada para cortar el pasto.

"A veces los vecinos me ven con la bordeadora y dicen: 'Una chica cortando el pasto, qué impresionante'. Porque generalmente se ve más a los hombres haciendo ese trabajo", comenta entre risas.

Lejos de sentirse limitada por esos prejuicios, los enfrenta con naturalidad. "Hoy me toca la sopladora, mañana me puede tocar la bordeadora. En esta vida se aprende de todo y hay que echar una mano", afirma.

Esa disposición a aprender y colaborar es una marca de su carácter. "Me siento orgullosa de poder aportar y ayudar a mis compañeros. Si no hay muchachos, hay que hacerlo igual", dice.

Detrás de la trabajadora municipal también está la madre. Amalia tiene dos hijas y, como muchas de sus compañeras, sale cada mañana dejando responsabilidades familiares en casa. "Yo soy sola con mis nenas. Una ya es adolescente y la otra está por entrar en esa etapa. Muchas compañeras también dejan a sus hijos para venir a trabajar", cuenta.

Cuando habla de su empleo no hay quejas ni dramatismos. Al contrario. "Yo, por lo menos, me siento cómoda en mi trabajo. Creo que mis compañeras también", asegura.