Agustín Vallejos, el delivery que se convirtió en el "cafetero" de sus propios compañeros

Este santaluceño tiende un puesto matutino en Maipú y Mendoza diseñado especialmente para los trabajadores de plataforma. Por la tarde se calza la mochila y sale a hacer repartos. Una historia a puro esfuerzo.

 

Jueves, 11 de junio de 2026 a las 12:31

En la estratégica esquina de Maipú y Mendoza, en uno de los reconocidos epicentros del universo delivery, el paisaje matutino tiene un aroma diferente desde hace casi un mes. Entre el frenesí de las motos que van y vienen, los cascos y las mochilas térmicas, emerge la figura de Agustín Vallejos. A sus 27 años, este joven vecino de Santa Lucía encontró una veta comercial exacta: transformarse en el cafetero oficial de quienes, como él, se ganan la vida pedaleando o acelerando contra el reloj.

Agustín conoce el paño a la perfección. Lleva tres años como repartidor, principalmente en Pedidos Ya. Esa experiencia en la calle le dio el mejor estudio de mercado posible: el frío de la primera mañana se combate mejor con algo caliente y el estómago vacío no ayuda a meterle ritmo a la jornada.

"Yo hago delivery desde hace un tiempo así que sé perfectamente lo que los pibes quieren tomar en distintos momentos: un cafecito, un sandwichito... Entonces se me dio la idea de poner el puesto", relató Agustín con la naturalidad del que sabe lo que es el asfalto.

Una logística familiar que arranca a las 6 de la mañana

El puesto es un engranaje perfecto que funciona a base de dos motores: Agustín y su pareja. La producción comienza la noche anterior y se reactiva cuando el sol todavía no asoma. A las 6 de la mañana la casa ya está en marcha. Mientras ella se encarga de hornear las semitas y los bizcochuelos, él prepara el café, el té, el mate cocido y el chocolate.

El trabajo en equipo es total. Ella lo acompaña temprano a armar el puesto y luego regresa a su hogar para continuar con las ventas allá. Cerca del mediodía, el menú se transforma: ella vuelve a la esquina con los sándwiches frescos. Cerca de las 13:30, la persiana del puesto se baja, pero la jornada de Agustín está lejos de terminar.

El domingo no se descansa, se recarga

De lunes a sábado, la rutina de Agustín es milimétrica: mañana de cafetero y tarde-noche de delivery, aprovechando la flexibilidad horaria que le permiten las plataformas. ¿Y el domingo? "Acá me tomo un franco, pero le doy con el delivery", confesó entre risas. Es que los domingos son el día clave para los repartidores en San Juan: hay menos oferta de mano de obra y las aplicaciones pagan un extra, un incentivo que el bolsillo no puede dejar pasar.

La recepción de los pibes de las mochilas rojas fue inmediata. El puesto de Agustín ya no es solo un lugar para comprar el desayuno; se convirtió en una zona de contención, un espacio de charla y encuentro para los trabajadores independientes antes de volver a ponerse el casco y salir a laburar. Con 27 años, los pies sobre la tierra y el apoyo de su familia, Agustín demuestra que del otro lado del mostrador, o arriba de la moto, el secreto sigue siendo el mismo: empujar siempre para adelante.