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miércoles 1 de abril de 2026

La vuelta a la secundaria y los controles- Sandra Merino

Por Redacción Tiempo de San Juan
Sandra Merino, coordinadora de Salud integral del Adolescente
 
El inicio del ciclo lectivo secundario es un momento ideal para que los jóvenes, en su etapa de pubertad, se realicen un chequeo médico general, incorporen hábitos de vida más sanos y estén mejor preparados para afrontar el año.

 Si bien se recomienda que todo adolescente se haga una evaluación integral de salud al menos una vez por año, durante la etapa de la pubertad –entre los 10 y los 14 años-, se recomienda que la visita sea cada seis meses, ya que es el periodo en el cual aparecen la mayor parte de los cambios físicos en las personas.

Durante la adolescencia temprana, la transformación más visible se observa en el desarrollo físico. Aquí se acentúan las diferencias corporales entre los varones y las mujeres. Tan es así que todos estos cambios pueden generar sentimientos de inseguridad. Por lo tanto, la visita al médico resulta necesaria.

El adolescente suele atravesar cambios abruptos de humor y confrontación con las figuras de autoridad y busca momentos de intimidad y nuevos grupos de pertenencia,  lo que genera preocupación en los adultos. El contacto con los profesionales de los servicios de salud puede ayudar a los adolescentes –y a los adultos–, a entender estas modificaciones como eventos normales.

Debido a las modificaciones notorias en el cuerpo, es necesario que los profesionales revisen la columna vertebral, las extremidades, los órganos de los sentidos, la presión arterial y los genitales de los adolescentes.

Es frecuente que durante la adolescencia se practiquen dietas adelgazantes inadecuadas, para lo cual el adulto debe supervisar la actitud de los jóvenes para evitar desórdenes alimentarios. Lo mismo ocurre con ciertas sustancias adictivas, como el tabaco, el alcohol o las drogas. Por esto, los adultos deben estar atentos al comportamiento de los adolescentes.  También es necesario explicarle al adolescente en qué momento del desarrollo se encuentra y la normalidad de los cambios observados, así como anticiparle las modificaciones que están por suceder para completar su desarrollo.

El contacto entre el equipo de salud y el adolescente debe servir también para brindarle al joven la oportunidad de formular preguntas y recibir asesoramiento, entre las que se pueden incluir las primeras experiencias afectivas. Por su parte, el profesional debe recomendar la continuidad de los controles y, en caso de que se hayan detectado alteraciones en el chequeo, se le explicará la necesidad de realizar una evaluación adicional. Finalmente, como adultos responsables, es imprescindible formular una real contención para preservar la salud integral de muestras adolescentes.
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