Existe consenso en cuanto a que desde el ámbito penitenciario se está expuesto a situaciones que vulneran los derechos humanos de los detenidos, pero que también afectan al personal administrativo, técnico y de seguridad que trabaja en este ámbito.
No es raro entonces que la permanencia forzada en este particular hábitat desarrolle en la personalidad de los encarcelados una actitud de resistencia que se expresa de modos muy diferentes, pero que en el fondo, refleja siempre su disgusto, su oposición, y en la mayor parte de los casos, una sorda y latente agresividad que si se expresa en violencia manifiesta, deberá ser necesariamente contenida por su contraparte: los integrantes del cuerpo. Los patrones de conducta que expresan esa agresividad pueden traducirse en una sumisión casi servil que habitualmente encubre sentimientos como la agresión contenida o el desprecio más absoluto y que ante el menor resquicio se puede desbordar, con ribetes de hostilidad que son experimentados por sus opuestos como una traición anunciada.
En otros casos, la relación del individuo encarcelado y el sistema colisionan desde un principio y entonces uno se encuentra ante un interno díscolo y hostil que nunca está satisfecho y siempre demanda y se queja.
Y entre uno y otro extremo de estos ejemplos expuestos se encuentran una infinidad de modelos de conducta que desarrollan los detenidos para sobrellevar su difícil condición, pero casi todos ellos con un común denominador: la reacción impulsiva.
Por otra parte, la violencia institucional siempre está latente en cualquier dependencia de la cárcel, y cuando se manifiesta lo hace de la forma más intempestiva y cuando uno menos se la espera. Sin discusión, la cárcel es la columna vertebral relacional que genera muchos tipos de vínculos violentos que podrían sintetizarse en dos básicos: el hecho violento propiamente dicho (peleas con armas blancas, castigos verbales y/o físicos a otros internos, abusos etc.) o una suerte de contienda representativa del caudal de violencia que se va acumulando paulatinamente y que recae en los protagonistas más cercanos.