En el año 2000, un grupo de 8 personajes del deporte y la cultura sanjuanina comenzaron a percibir una pensión vitalicia, equivalente al sueldo que por todo concepto cobra un empleado público del Escalafón General, categoría 24 del empleado público provincial. Los beneficiarios eran: Antonio Matesevach, Delia Simone, Jorge Pascual Recabarren, Carlos Cáceres, Viviana Castro, Remigio Castro, Ángel Antonio Ghirardi, y Antonio Muñoz.
Alguien sí se acordó del Payo
Daniel Martinazzo hizo llegar un proyecto que se convirtió en ley, autoría de su hermano Raúl, en el que proponía pensiones para figuras destacadas del deporte y la cultura, entre ellas Antonio Matesevach. Por Sebastián Saharrea.
Después de la publicación de la editorial Los Ídolos Olvidados, en la anterior edición de Tiempo de San Juan, el hermano de Raúl, Daniel Martinazzo, hizo llegar a la redacción una copia del proyecto de ley y de la versión taquigráfica de su sanción. “En los fundamentos se resaltan los valores que el Payo puso de manifiesto tanto en su trayectoria deportiva como ante las adversidades de la vida, que lo hacían absolutamente merecedor de la pensión mencionada.
En la Fundamentación de su proyecto, Raúl Martinazzo escribió: “Fueron tantas las alegrías que dio a la familia ciclista nacional, que hoy, cuando la vida a dado un revés al Payo en la contrareloj, merece, y así lo solicito, se devuelvan aunque más no sea en parte, todos los logros que obtuvo para nosotros”.
En el proyecto se adjuntaron varios certificados médicos donde consta el grado de incapacidad, 75 %, que los médicos reconocían en el castigado cuerpo del Payo. También se acompañó un resumen de las proezas deportivas logradas por Matesevach.
Si bien el proyecto sólo pedía el beneficio para el Payo, en la Cámara de Diputados se amplió y se incluyeron los demás nombres ya mencionados.
“Sí cobraba, era poco, no alcanzaba para cubrir todas las necesidades, pero sí tenía esa pensión y siempre estuvimos muy agradecidos por eso”, contó Silvia Marenna, la esposa del Payo.
Lo que cobra este grupo de beneficiarios ronda los $2.000. Mónica Paroli, esposa de Jorge Pascual Recabarren, dijo que su marido empezó a cobrar en el año 2000 y que prometieron que se iría actualizando. “No es una cifra para poder vivir, es una ayuda y el espíritu era para quienes no tuvieran otro tipo de jubilación o pensión”, dijo Mónica.
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