El regreso del sweater: el abrigo que este invierno vuelve a marcar tendencia

La inspiración nórdica y de montaña también se refleja en las colecciones de este año. Motivos geométricos, puntos marcados y tejidos con apariencia artesanal nos recuerdan que la moda también puede contar historias y rescatar tradiciones que parecían olvidadas.Leé la columna completa de Raffa Andrada para Tiempo de San Juan. 

Miércoles, 22 de julio de 2026 a las 12:12

Las bajas temperaturas ya se instalaron en San Juan. Las mañanas heladas, los días grises y las lluvias de las últimas semanas nos recuerdan que el invierno todavía tiene mucho para ofrecer. Y, como sucede cada temporada, el cambio de clima también transforma nuestro guardarropa. Entre todas las prendas que reaparecen, hay una que este año vuelve con más fuerza que nunca: el sweater.





Lejos de ser únicamente una prenda para combatir el frío, el sweater se convierte en uno de los grandes protagonistas del invierno 2026. Las pasarelas internacionales, las principales marcas y los especialistas en moda coinciden en una tendencia clara: regresan los tejidos con personalidad, las texturas marcadas y ese aire artesanal que transmite calidez, comodidad y elegancia.





Los clásicos sweaters de punto grueso vuelven a ocupar un lugar privilegiado. Los tejidos trenzados, conocidos como cable knit, resurgen con fuerza aportando relieve, volumen y un aspecto que recuerda a las prendas confeccionadas a mano. Son diseños que hablan de tradición, de calidad y de una moda que busca durar mucho más que una sola temporada.



Otra de las características que marcan este invierno es el equilibrio en las siluetas. Si bien continúa la comodidad, el oversize extremo comienza a perder protagonismo para dar paso a sweaters con mayor estructura, que acompañan el cuerpo sin dejar de ofrecer abrigo. La consigna es sentirse cómodo, pero con una imagen cuidada y sofisticada.

En cuanto a los colores, la naturaleza vuelve a inspirar las colecciones. Los tonos marfil, crema, gris piedra, camel, chocolate y verde musgo dominan la temporada por su versatilidad y elegancia. También aparecen suaves tonos manteca y algunos acentos de color que iluminan los looks sin romper con la serenidad característica del invierno.



Los hilados también cobran importancia. La lana merino, la alpaca, el mohair y las mezclas de fibras naturales vuelven a ser protagonistas por su suavidad, capacidad térmica y durabilidad. En un momento donde cada vez se habla más de consumo responsable, invertir en un buen sweater significa elegir una prenda que podrá acompañarnos durante muchos inviernos.





La inspiración nórdica y de montaña también se refleja en las colecciones de este año. Motivos geométricos, puntos marcados y tejidos con apariencia artesanal nos recuerdan que la moda también puede contar historias y rescatar tradiciones que parecían olvidadas.





Una de las mayores virtudes del sweater es su versatilidad. Puede combinarse fácilmente con un jean para un look relajado, con pantalones de sastrería para una propuesta más elegante o sobre una camisa, dejando ver cuellos y puños para aportar un detalle sofisticado. También encuentra un gran aliado en las faldas midi, las botas altas o incluso las zapatillas urbanas, demostrando que una misma prenda puede adaptarse a distintos estilos y ocasiones.



Pero quizás la mayor tendencia de este invierno no tenga que ver solamente con las pasarelas.

En San Juan todavía conservamos un patrimonio silencioso que muchas veces pasa desapercibido: el de las mujeres que siguen tejiendo. Madres, tías y, sobre todo, abuelas que mantienen vivo el arte de las dos agujas o el crochet, transformando un ovillo de lana en una prenda única.

Tal vez este sea el momento ideal para animarnos a pedirles ese sweater que siempre imaginamos. Porque mientras las grandes marcas del mundo reivindican el valor de los tejidos artesanales, nosotros tenemos la posibilidad de llevar una prenda hecha con paciencia, dedicación y cariño. Ninguna etiqueta puede reemplazar el valor de una pieza confeccionada especialmente para quien la va a usar.

En una época donde gran parte de la moda se consume rápidamente, recuperar el valor de lo hecho a mano también es una forma de cuidar nuestras raíces. Un sweater tejido por una abuela no solo abriga del frío. Abriga de otra manera. Guarda conversaciones compartidas, tardes de mate, el sonido de las agujas entrelazando la lana y ese amor que queda tejido en cada punto.

Quizás por eso nunca pasan de moda. Porque además de vestirnos, conservan recuerdos. Este invierno, las tendencias invitan a elegir tejidos con textura, colores naturales y prendas de calidad. Pero también nos proponen volver la mirada hacia aquello que siempre estuvo cerca. Tal vez la prenda más exclusiva de la temporada no llegue desde una gran firma internacional. Tal vez nazca en una casa sanjuanina, mientras una abuela teje junto a la ventana y el agua para el mate comienza a hervir. Y entonces comprendamos que la moda también puede convertirse en un abrazo que nos acompañe para siempre.