La Agencia Internacional de Energía lanzó una fuerte advertencia sobre el impacto de los controles de exportación impuestos por China a las tierras raras, alertando que la aplicación plena de estas restricciones podría comprometer cerca de 6,5 billones de dólares anuales en producción derivada fuera del gigante asiático. El organismo remarcó que, aunque los minerales críticos representan un volumen económico modesto dentro del costo final de fabricación, sostienen enormes cadenas de valor global que van desde la producción de telefonía móvil hasta la tecnología satelital.
Frente a este escenario de incertidumbre geopolítica, la agencia propuso como solución una colaboración multilateral entre países para crear reservas estratégicas de 11 materiales considerados de alto riesgo. El plan requeriría un desembolso inicial de 9.200 millones de dólares y un costo de mantenimiento anual neto de 900 millones de dólares. Según el director de la entidad, Fatih Birol, este gasto funciona como un seguro económico indispensable ante el peligro real de interrupciones en el abastecimiento, agravado también por medidas restrictivas adoptadas en otros mercados clave como la República Democrática del Congo y Zimbabue.
Pese a que las inversiones de países como Estados Unidos y Malasia en el refinado de tierras raras lograron reducir marginalmente la cuota de mercado de China del 90% al 85% —con proyecciones de caer al 70% para 2035 de concretarse los proyectos previstos—, el informe enfatizó que la concentración geográfica global de la cadena de suministro ha continuado en ascenso. Esto se evidencia de forma clara en el segmento del procesamiento y refinado de minerales energéticos, donde la hegemonía de China junto a la posición de Indonesia en el mercado del níquel representan actualmente más de tres cuartas partes de todo el crecimiento del suministro refinado a nivel mundial.